2020: EL AÑO EN QUE EL MUNDO SE DETUVO

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Sin duda alguna el año 2020 tendrá un espacio especial en los anales de la historia mundial. El año que acaba de terminar deja una cicatriz profunda en la generación humana de inicios del siglo XXI. Y para el Perú el 2020 será recordado como un año oscuro en muchos sentidos.
En estos doce meses que acaban de concluir nos ha tocado ser testigos de las más dramáticas, inauditas, y por contradictorio que se lea, de las más esperanzadoras noticias, en un año que estuvo signado por la incertidumbre y la zozobra en todos los temas.
La complejidad atemorizante de los hechos que trajo consigo el 2020, capturó la agenda noticiosa de un año sobrecargado de tragedias, dolor y malas noticias. No hubo actividad humana que no fuera afectada negativamente por la irrupción del nuevo coronavirus.
Y en el Perú este impacto viral se vio agigantado por una aguda y constante crisis política, que nos llevó al triste récord de tener tres presidentes en diez días, delatando una inmadurez tremenda y una carencia total de serio compromiso con la Nación.
La devastadora y terrible pandemia ocasionada por el covid 19, sirvió para evidenciar la grave crisis del sistema de salud que mantiene el país, y lo peor de todo, la gran corrupción que inmune a este virus, aprovecha la necesidad de la población para robarle de manera artera y descarada. Lamentablemente hasta el momento, sobre los casos indiciarios, solo hay tibias investigaciones.
El 2020 es un año que ningún ciudadano del mundo y ningún periodista podrá olvidar jamás. Pasó de todo, como si la esencia y el concho de la historia se volcara sistemáticamente en estos últimos 12 meses.
En el frente económico mundial surgió un lunes negro en Wall Street, y no paró sino hasta el cierre y la transformación de miles de empresas, que no han podido sobrevivir a las medidas sanitarias de cierre. El turismo está, y seguirá prácticamente paralizado a nivel mundial, y se espera que esto siga así por lo menos en los próximos 12 meses.
Es difícil imaginar cómo habría sido el trabajo periodístico si el nuevo coronavirus no hubiera llegado. Su brote y expansión lo cambiaron todo, desde lo más elemental, como el saludo y nos obligó a renunciar al beso y al abrazo.
Afectó comunidades enteras, ciudades grandes y barrios pequeños. Enseñó a la fuerza que había que convivir con ciertas circunstancias, sobre todo con la muerte intermitente pero permanente, con su halo de dolor y sin marcar diferencias entre ricos o pobres, o diferenciar razas o lugares.
Afectando a la humanidad entera, como especie, como un todo, como siempre tuvo que conducirse, sin dividirse, ni separarse, para permanecer fuerte y prolongar su existencia saludablemente en este planeta, llamado Tierra.
Se pensaba que la notica del año 2020 serían los comicios presidenciales en EE.UU. Y la elección del nuevo presidente del país más poderoso del mundo. Y no fue así, un microscópico virus le arrebató la portada muchas veces a los candidatos a la Casa Blanca durante todo ese periodo eleccionario en el país continente del norte.
Donald Trump no logró reelegirse para quedarse cuatro años más en el sillón de la oficina oval, y la noticia se disipó en lo que demoró en salir el último conteo del colegio electoral correspondiente, confirmando la victoria de Joe Biden.
La peste del nuevo coronavirus al parecer arrasó con todo, incluso acalló al deporte rey, al fútbol. Lo confinó al silencio de los estadios desiertos, de los goles con gritos sin ecos. Y como si no fuera suficiente para un año trágico, Diego Armando Maradona, muere el 25 de noviembre y el luto oscureció aún más a la pelota.
Pero este virus no nos debe obligar a mirar a atrás permanentemente, sino hacia adelante, en la primera línea de batalla, donde están los valerosos médicos salvando vidas, y los valientes policías y militares vigilando que se mantenga el orden.
Debemos imitar a los miles de millones de enormes seres humanos que permanecen en sus puestos de trabajo dando batalla para que el sistema siga funcionando. Debemos permanecer fieros, fuertes y serenos, haciendo nuestra parte de la mejor manera. Cuidándonos y protegiendo a nuestros semejantes. Estoy seguro que más temprano que tarde, estaremos aplaudiendo en las calles el fin de esta pandemia y el control de este virus.
Antes de la llegada del coronavirus este iba a ser el año previo al Bicentenario de la Independencia del Perú, una antesala a las celebraciones del 2021 en que nos tocaba proponer nuevas alternativas de progreso como seguidilla de lo que ocurrió en el país hace 200 años.
Esta es una tarea pendiente y una gran deuda social, económica y política que todavía tenemos como República. Con todos estos anhelos y planes por cumplir, damos el primer paso firme hacia un nuevo año, con la convicción y la fe en Dios que vendrán como siempre tiempos mejores. Feliz Año 2021 y hasta la próxima semana mis amigos de Primera.

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