CUANDO LOS ELEFANTES PELEAN…

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…el pasto es el que sufre. Este proverbio de autoría congoleña, supone la contienda entre dos enormes paquidermos, que en cada arremetida destrozan el piso sobre el cual están parados. Sabio refrán que describe con precisión y gran profundidad lo que sucede en nuestra realidad política actual, que es el pernicioso y poco inteligente enfrentamiento que hay entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo.

El cual se origina a consecuencia de una accidentada y feroz segunda vuelta electoral, cuyo resultado encumbró a un humilde y desconocido profesor de escuela primaria en la presidencia de la República. La elección de Pedro Castillo Terrones despertó las más bajas pasiones por parte de la oposición, que se ha cohesionado en el Congreso con otros grupos de representantes, para crear una fuerza de choque y enfrentar al Ejecutivo.

Con el presidente Castillo han llegado al poder personajes como Vladimir Cerrón, Guido Bellido, Íber Maraví, Guillermo Bermejo, entre otros actores, con ideologías oscuras y sangrientas, de pensamiento pragmáticos, inútiles en el uso correcto de las herramientas democráticas, que solo buscan vivir su revolución en base a sus intereses personales y partidarios, los mismos actores políticos, que de alguna manera tienen condicionadas la voluntad del mandatario. O al menos eso es lo que expresan los hechos observados en las últimas semanas.

El Poder Ejecutivo ha sido copado en su mayoría por dirigentes recalcitrantes que más que ir a gestionar acciones de gobierno, ponen su pasión prejuiciosa por la mal llamada reivindicación social, pasando por encima del trabajo técnico y objetivo, que debería primar acorde con lo que requiere la inmediata realidad económica y social que se vive en el país.

Todos ellos han ingresado al poder con una agenda rancia de consignas promesas trasnochadas bajo el brazo, dispuestos a llevarlas a cabo sin tomar en cuenta que los tiempos han cambiado y las necesidades también.

Retomando el tema central, uno de los elefantes en esta metáfora periodística es el Poder Ejecutivo, que cuenta con toda la robustez que el sistema de gobierno le pueda brindar, y el otro elefante es el Poder Legislativo, representado en la mayoría parlamentaria, que desde antes que se conocieran los resultados oficiales de la segunda vuelta, ya le había puesto el pie en el pecho al candidato Castillo, para decirle que con ellos en el Congreso no las iba a tener fáciles. Y las voces de estos gritos de guerra provenía principalmente de las tiendas de Fuerza Popular y Renovación Popular, fervientes defensores de la ultraderecha peruana.

Así las cosas, cual coliseo romano, el escenario que tenemos ante nuestros ojos es el siguiente, a un lado está a un feroz elefante cargado de promesas electorales por cumplir, lleno de frustraciones sociales, las mismas que pronto se van a convertir en ardientes y vociferantes reclamos; y sobre todo cargado de un deseo populista tremendo, con unas ganas de hacer sentir las bondades del Estado en todos los rincones del país, cueste lo que cueste, incluso a costa de quebrar la confianza empresarial, con renegociaciones con pistola sobre la mesa, como en el caso planteado por el premier Bellido, al consorcio Repsol con referencia al gas de Camisea.

Y al otro extremo tenemos al otro elefante, impaciente, vitaminado por la energía que da el voto popular, masticando su frustración de no haber podido lograr los mínimos votos que le faltaban para hacerse del sillón presidencial, y dispuesto a dar batalla, y cumplir su amenaza ante la mínima provocación.

La rabia desmedida y el egoísmo de ambos paquidermos no los deja ver que en cada arremetida y en cada golpe que se dan, el pasto que, en este caso, somos todos los peruanos, sufren la arremetida de la crisis económica, que se agrava cada día más y más- Con punto que sube el dólar se traduce en inmediatas alzas del precio de los combustibles y los artículos de primera necesidad. No hay Fondo de Compensación que lo controle.

Cada crisis política aumenta la desconfianza empresarial, ahuyenta la inversión privada y alienta cada vez la fuga de capitales, lo cual se traduce en desempleo. La prueba de ello está en la quiebra diaria de los negocios que se puede observar en nuestro entorno diario, no hay semana en que no veamos desaparecer a uno. Dejen de pelear que van a terminar destrozando el piso sobre el que todos estamos parados. Hasta la próxima semana mis amigos de Primera.

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