Día de la Mujer: usuarias de pensión 65 ejemplos de tradición, esfuerzo y emprendimiento

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Poseedoras de saberes ancestrales, contribuyen a mejorar calidad de vida de sus pueblos y transmiten cultura

María Felipa Villegas Sandoval es piurana y maestra en el arte de la fabricación de los conocidos sombreros de paja toquilla, que elabora a mano en el pueblo de Pedregal Grande, en Catacaos. Con este saber, heredado de su abuela y su madre, ha ganado muchos premios. Hoy comparte la tradición de tejer con sus hijas y nietas gracias a la iniciativa Saberes Productivos de Pensión 65, del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis). Foto: Pensión 65/Midis

María Felipa Villegas Sandoval es piurana y maestra en el arte de la fabricación de los conocidos sombreros de paja toquilla, que elabora a mano en el pueblo de Pedregal Grande, en Catacaos. Con este saber, heredado de su abuela y su madre, ha ganado muchos premios. Hoy comparte la tradición de tejer con sus hijas y nietas gracias a la iniciativa Saberes Productivos de Pensión 65, del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (Midis).
Doña Felipa es portadora de conocimientos ancestrales que le permiten mantener vivas las tradiciones de su pueblo, como el uso de materias primas locales y la práctica de técnicas que aprendió a los 7 años, las cuales transmite de generación en generación.

Cuenta con alegría que el arte de tejer con paja toquilla ha marcado su vida. Le gusta trabajar y seguir ejerciendo su arte con el fin de mejorar sus productos. Ella desea continuar enseñando lo que sabe a su familia para que no se pierda este arte, con el que ha podido sacar adelante a sus tres hijos y hacerlos profesionales.
Ahora, debido a la pandemia, doña Felipa vende en casa sus sombreros. Tarda 15 días en elaborar uno, que luego pone a la venta por 70 soles. Sus sombreros están considerados entre los más finos del Perú.
La primera alcaldesa
Valeria Santos Mamani vive en la provincia moqueguana General Sánchez Cerro, específicamente en Ichuña, distrito que la tuvo como alcaldesa de manera transitoria en el año 2002. Ella se convirtió en la primera mujer en dirigir la municipalidad de su pueblo.

En aquella época, tras la revocatoria del alcalde, doña Valeria lideró el municipio distrital en el último año de gestión edilicia. El aliento y apoyo que recibió de parte de sus vecinos y regidores, la alentaron a trabajar incansablemente por su comunidad y a gestionar y ejecutar presupuestos para atender las necesidades de la población.
Su constante preocupación por los demás la empujó a mejorar el sistema de electrificación de su pueblo, que contaba solo con energía eléctrica por dos a tres horas al día. Los principales beneficiados fueron los escolares en cuyos colegios había equipos de cómputo que no podían ser utilizados por falta de energía eléctrica.

Desde siempre, doña Valeria tuvo como actividades cotidianas el tejido de llikllas, fajas y frazadas; y en la chacra se dedicó al cultivo de papa y maíz, y a la crianza de ovinos, con lo que educó y alimentó a sus hijos. Pero ella fue más allá.
Es quechua hablante y su desconocimiento del castellano no fue impedimento para que lograra entrevistarse con ministros y congresistas con la finalidad de encontrar solución a las demandas de sus vecinos; y, entre otros objetivos cumplidos, darle luz a Ichuña las 24 horas del día por primera vez.
La estera más fuerte
Trinidad Maldonado Grández tiene 88 años y cuando teje esteras siente como si una fuerza extraña le borrara de pronto los achaques propios de su edad. Es feliz dando rienda suelta a los saberes ancestrales que aprendió de su madre, en el distrito de Pachiza, provincia de Mariscal Cáceres, en la región San Martín.

Para su madre, tejer esteras significaba contribuir a la economía del hogar. Trinidad también lo entendió de esa manera. Y llegó más lejos: llevó su arte a las escuelas de su localidad y a ferias y competencias organizadas por la municipalidad, resultando varias veces ganadora.

No le tiene miedo a la muerte. “Creo en Dios. Él ve todo y sabe cuándo nos va a llevar”, dice doña Trinidad, quien ha trabajado mucho por su comunidad, a veces sin cobrar nada. Asegura que la subvención de Pensión 65 le da fuerza y valor.

La alegría de hacer lo que les gusta y el soporte brindado por Pensión 65 y el Midis han hecho de María Felipa, Trinidad y Valeria tres ejemplos de sacrificio y fortaleza frente a la adversidad, además de símbolos de la mujer peruana emprendedora, luchadora, noble y servicial.

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