EDITORIAL: PPK, LA PAGINA 11 Y LOS 49 AÑOS DEL VELASCATO

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Hoy se cumplen 49 años del golpe de estado que diera el general Juan Velasco Alvarado, que derrocó al presidente Fernando Belaúnde Terry, ganador de las elecciones generales de 1963. Velasco ejerció la presidencia del Perú desde octubre 1968 hasta agosto de 1975 de la llamada Revolución de la Fuerza Armada. Y fue Velasco Alvarado quien acusó a Pedro Pablo Kuczynski y a Carlos Rodríguez Pastor, gerentes del Banco Central de Reserva por otorgar licencias de manera ilegal a la Internacional Petroleum Company (IPC) para explotar petróleo de nuestros suelos a un precio irrisorio. Obviando resoluciones ministeriales para favorecer a la empresa norteamericana.
Estas oscuras y vergonzosas negociaciones forman parte de la historia que envuelve a la tristemente célebre “página once” del contrato con la IPC, que ocasionó el golpe de estado. Pues en esa última página del contrato se establecía clausulas para recuperar para el Perú la explotación de los yacimientos petroleros, así como el precio de venta del barril de petróleo, para que la empresa le pague a nuestro país. En aquel tiempo la prensa local acusó a PPK y cía. de haber sustraído dicho documento. Esto fue utilizado por Velasco como motivación aliento para obtener el respaldo popular para la junta militar que luego se convertiría en gobierno revolucionario.
La IPC tenía, desde 1922, condiciones en extremo ventajosas para explotar petróleo en el norte peruano. Poseía los yacimientos de La Brea y Pariñas, y controlaba todas las instancias del mercado. Quien más reclamaba una salida nacionalista era Carlos Loret de Mola, el gerente de la Empresa Petrolera Fiscal. Hasta que fue llamado a Palacio en la noche del 12 de agosto de 1968. Allí encontró a Belaunde con varios ministros y a Fernando Espinosa, el jefe de la IPC, con ejecutivos de su empresa y diplomáticos gringos. Era una situación insostenible Belaunde se encontraba bajo la presión de los intereses norteamericanos y el reclamo popular por la defensa de nuestras riquezas naturales.
En “La página once” (Ed. Libre1, 1978), cuenta de las idas y venidas de ambos bandos, con las hojas del contrato. La entrega de La Brea y Pariñas ya estaba asegurada, pero Loret de Mola bregó hasta que anotó de puño y letra, en la última página, la 11, el precio mínimo garantizado (US$1,0835) que la IPC le cobraría por barril a la EPF.
El 13 de octubre Loret de Mola fue con Belaunde a Talara, a la toma simbólica de La Brea y Pariñas, y a la firma del Acta de Talara, que no era más que el inventario de lo entregado. Los diarios y la TV mostraron la bandera peruana flameando ante las torres. Pero Loret de Mola sabía que era una farsa. La IPC seguía controlando las bocas de salida del petróleo y había desaparecido la página 11 del contrato. El funcionario lo denunció a cuanta autoridad pudo. Pero los ministros belaundistas no le hicieron caso; estaban hasta el cuello manejando su crisis de gobernabilidad. Entonces fue a la televisión y contó que funcionarios corruptos se habían confabulado con la empresa extranjera. Tal fue la conmoción, que precipitó el golpe de Estado del 3 de octubre. Y pocos días después se produjo una nueva toma de Talara pero a manos de efectivos del ejército peruano. Ese 9 de octubre se bautizó como Día de la Dignidad.
PPK tenía 30 años en 1968 y era uno de los precoces gerentes del Banco Central de Reserva, apadrinado y bajo las órdenes del gerente general Carlos Rodríguez Pastor. Sucede que, a pesar de los bombos y platillos con los que se anunció la estatización de la IPC, esta siguió controlando las bocas de salida del petróleo y remesando sus utilidades a la Standard Oil, su matriz en EE.UU. Para esto, necesitaba que el BCR le otorgara certificados de divisas, y el banco, le dio 13 autorizaciones desde octubre de 1968 hasta febrero de 1969. Las firmaron Rodríguez Pastor y PPK sin autorización de los ministros del sector. PPK y Rodríguez Pastor huyeron del país, Sandro Mariátegui ministro de aquella época fue encarcelado y liberado posteriormente. Historias que la opinión pública no debe olvidar. Hasta mañana mis amigos de Primera.

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