ELECCIONES SIN NADA QUE CELEBRAR

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Faltan dos días para las elecciones generales y se presentan como un proceso electoral atípico, envuelto en tragedia y decepción. El azote mortal de la pandemia del covid-19 es el principal motivo. Otro factor que le quita la voluntad la ciudadanía de acudir a las urnas, es el peso de la corrupción que se refleja en casi todos los representantes que se postulan a la presidencia. Todo ello ha determinado que el proceso electoral 2021 se realice más de fuerza que de ganas. Porque realmente no tenemos absolutamente nada que celebrar.
Lamentablemente la corrupción ha hecho que los últimos lustros sean grises y desesperanzadores para el pueblo del Perú. Hace unos años cuando parecía que la bonanza económica tocaba nuestras puertas y asomaba una estabilidad laboral y productiva, reventaron como flores negras los casos de corrupción como el de Odebretch, el club de la construcción, los cuellos blancos, los hermanitos y en verdad me va a faltar espacio para nombrar la retahíla de perlas negras que los corruptos se han encargado de escribir en el libro de la historia vergonzante de nuestro país.
No puedo dejar de mencionar el caso del financiamiento de las campañas de los expresidentes Ollanta Humala, Alejandro Toledo, Alan García y Pedro Pablo Kuczynski. Según información del ex representante de Odebrecht en Perú, Jorge Barata, la empresa repartió a las candidaturas un total de 4 millones 200 mil dólares (US$3 millones para la campaña de Humala en 2011; US$ 700 mil para la campaña de Toledo en 2011; US$ 300 mil para la campaña de PPK en el 2011; y US$ 200 mil para la campaña de Alan García en el 2006), dinero que luego fue cobrado con creces con la adjudicación de obras monumentales. Todos ellos expresidentes del Perú, elegidos democráticamente. Unos totales y descarados vende patria.
En pocas horas tendremos que elegir al menos malo, al menos corrupto, al probablemente probo, como escarbando entre la basura, a ese extremo paupérrimo de inmoralidad hemos llegado en el Perú. Políticos que han perdido la vergüenza, mienten como sonarse los mocos y una vez descubiertos contestan cualquier disparate y siguen su camino como si nada hubiese pasado. La calidad moral de los advenedizos, que han hecho de la política una forma de enriquecerse, solo puede ser entendida desde un punto de enfermedad psiquiátrica. No tengo otra explicación para comportamientos tan lejos de la moralidad y la decencia.
Casi todos los postulantes a la presidencia tienen investigaciones abiertas por delitos de corrupción, juicios en proceso y sentencias pendientes de diferente índole. Esto es algo que debe corregirse, el nuevo Congreso (Dios nos coja confesados), tiene que legislar para impedir que se postulen candidatos bajo sospecha de corrupción, en este proceso se va a escoger al representante máximo de la voluntad popular de una Nación, el que va a administrar los recursos de todo el país, y tiene que ser una persona intachable por sus cuatro costados. Un ciudadano de primera, al cual se le pueda revisar y parar de cabeza y lo único que le va a caer de sus bolsillos sea su propio dinero. Eso es lo que tiene que cambiar. Hay que crear métodos para limpiar la política, hay que elevar la valla electoral, del 5% al 10% para evitar la atomización de los votos y las costosas y atrasadoras segundas vueltas.
Los partidos o movimientos pequeños tienen que desaparecer, pues son creados solo con la intención mercantilista de alquilar su vientre al mejor postor, esa es la responsabilidad obligatoria que tienen que ver y resolver el próximo parlamento.
Lastimosamente las mentes más ilustres y los profesionales más probos no quieren saber nada de política, pues como han decaído las cosas ser congresista ya no es ningún mérito, por el contrario, es sinónimo de malas artes. Esto tiene que cambiar, pues el hartazgo se está acumulando en la población que solo ve que los millones pasan por las manos de los corruptos y las empresas cómplices. Ello es muy peligroso para una democracia, pues esa frustración e indignación de la gente, se comprimen año tras año como en un balón de gas, que llegado el momento, al no ver una salida a sus problemas económicos, de salud y de empleo, puede ser manipulado y explotar con cualquier intención por sectores extremistas. Guerra avisada no mata gente.
Tenemos una manía enfermiza por dispararnos a los pies y complicarnos la existencia. Estamos a punto de poder iniciar un cambio en nuestra situación, por ello los invoco a realizar un voto informado, tómese unos minutos, investigue al candidato presidencial de su preferencia, haga los mismo con los postulantes al Congreso, son estas autoridades quienes van a decidir el destino a mediano plazo de usted, sus hijos y hasta sus nietos, piense en ellos antes de votar a ciegas, o por venganza, o revancha, el daño se lo hace usted mismo. Piense, luego vote. Hasta la próxima semana mis amigos de Primera.

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