LA ESTRATEGIA SAMURAI

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La primera parte del plan para las Elecciones Generales del 2021 de Alberto Kenya Fujimori Fujimori se completó con éxito. Alberto Fujimori es un ingeniero, matemático y amante del ajedrez, habilidades que siempre las ha utilizado sobre todo en las estrategias políticas.
Analizando la situación y desde mi punto de vista, en la primera vuelta electoral el plan de Alberto Fujimori fue lanzar dos alfiles para que distraigan la atención y lo más importante capturen la mitad de los votos para asegurar la elección presidencial de su hija Keiko Fujimori en segunda vuelta. La idea era que los alfiles escolten disimuladamente la candidatura de su primogénita. Los elegidos fueron Hernando de Soto y su vientre de alquiler Avanza País y Rafael López Aliaga con el maquillado Renovación Popular.
Ambos cumplieron su papel con total calidad histriónica, pusieron a buen recaudo un buen porcentaje de votos que sumados dan más del 23%, según cifras oficiales de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE).
Pero ahí no acaba la cosa, la estrategia samurái va mucho más allá. Los alfiles aparentaron despuntar cada uno por su lado y casi nunca osaron referirse a la princesa fujimorista, cuando por lógica bajo una estrategia real debieron enfrentarla para capturar la atención de los votantes de su mismo segmento social y supuesta línea política. No lo hicieron, salvo algunos maullidos de Hernando de Soto, todo fue un sospechoso silencio.
El caballo de Troya
Todos sabíamos que las elecciones no se iban a definir en primera vuelta y urgía mantener a Keiko Fujimori en un segundo lugar privilegiado, ni muy abajo que la ponga en riesgo de no entrar al repechaje, ni muy arriba que la convierta ganadora en primera vuelta, y por consiguiente en una rival fácil de tumbar en base a una campaña anticorrupción.
Por ello Alberto Fujimori necesitaba un caballo de Troya que jalara la atención y distrajera a los “opinologos” y a los obtusos “líderes” políticos del propósito final de su silencioso plan. El jinete del caballo iba a surgir de manera natural y apareció Pedro Castillo con su emblemático partido Perú Libre. Textualmente apareció montado en un jumento, una yegua chúcara que en varias ocasiones amenazó con hacerlo morder el polvo.
Llegó el día de las elecciones y Castillo dio el batacazo, apoderándose de la punta y fue como un “golpe en la polla”, nadie lo veía venir, no hubo ni una encuesta que se dignara tomarlo en cuenta en los primeros lugares. Sorpresa y algarabía en el Perú profundo, el poder de la mayoría del pueblo se estaba haciendo presente en una primera ronda electoral.
Luego vino la jugada maestra del ingeniero como resultado de una campaña milimétricamente calculada. Los alfiles De soto y Aliaga se fueron desinflando y abriendo paso para que ingrese la reina Fujimori tranquilamente y se situé en un perfecto segundo lugar. Y digo milimétricamente calculada por que hubo bastiones naranjas a donde los alfiles no ingresaron a hacer campaña, extraña coincidencia ¿no?
Entonces según las cifras de la Oficina Nacional de Procesos Electorales al 100%, los resultados de los punteros en la primera de vuelta quedaron así: el candidato presidencial de Perú Libre, Pedro Castillo con el 19.09% de los votos emitidos a nivel nacional, seguido por Keiko Fujimori de Fuerza Popular con 13.36%.
Segunda parte del plan
Ahora viene la segunda parte del plan ideado por Alberto Fujimori. Al margen de los calores políticos, hay que reconocer que ha sido una jugada magistral, casi como la que le hizo a Mario Vargas Llosa en el año 1990.
Pero no nos desviemos del tema. La segunda vuelta se torna más sencilla, pues solo hay que enfrentar a un solo competidor y hay poco que controlar. La estrategia es simple: no “terruquear”, pues eso sería muy previsible y podría jugar en contra y alejar a un sector de los votantes.
Keiko va a salir a la palestra a “reconciliar el país”, a pedir perdón por “algunos errores” cometidos y poco a poco se irá convirtiendo en la señora vacuna, que con una dosis convertirá al Perú en la Nación moderna y con empleo el cual tanto necesita la mayoría de la población, todo ello para los inocentes y crédulos, claro está.
Mi teoría se podrá confirmar cuando se sepa de dónde vino el dinero que Avanza País y Renovación Popular invirtieron en la campaña. Jalemos la pita y tal vez nos encontremos con un tractorcito, como el de Cambio 90.
La decisión final como siempre está en manos del electorado. Pedro Castillo va a tener que echar mano de sus mejores virtudes intelectuales y oratorias para asumir una estrategia mejor que la de su rival. Estaremos como siempre muy atentos, hasta la próxima semana mis amigos de Primera.

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