SIN VACUNA Y SINVERGÜENZA

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El indignante y vergonzoso descubrimiento de las vacunaciones VIP, por parte de altos funcionarios del gobierno, de instituciones de salud pública, autoridades de universidades, entre otras, reafirman lo que vengo denunciando hace buen tiempo. El problema mayor del Perú, antes que llegara la pandemia del nuevo coronavirus, no es la crisis económica, ni el desempleo, ni la caída de las exportaciones, ni nada por el estilo, sino la grave carencia moral y de valores que existe en nuestra sociedad. Y que ningún gobierno admite, ni ha decidido hacerle frente de una manera enérgica. Y no lo enfrentan abierta ni decididamente, porque sería como dispararse a los pies, pues si se dan cuenta, desde el gobierno del desaparecido ex presidente Valentín Paniagua Corazao, todos los presidentes que lo han sucedido, están envueltos en investigaciones y procesos judiciales que los comprometen profundamente con actos de corrupción, entonces siendo realistas, que se puede esperar de funcionarios de menor rango o jerarquía.

El problema es gravísimo, el Estado está infectado de elementos corruptos y corruptores que contagian a la velocidad del covid-19. Esta peste sigue creciendo y se fortalece cada vez más dentro de la administración pública. Y los organismos para detectarla, controlarla y reducirla a su mínima expresión se están viendo rebasados por los largos tentáculos de la corruptela, artera, traidora y miserable, que se alimenta y fortalece por el silencio cómplice de los encargados de extirparla. Esta función recae, aparte de los responsables oficiales, en todos los peruanos, quienes debemos denunciar estos hechos en cuanto se nos crucen en el camino.

Estos últimos actos de vacunación caleta, reflejan la miseria humana en su máxima expresión. Se dan en momentos que estamos en la cresta mortal de la segunda ola del covid-19, donde hay casi 45 mil muertos y miles de compatriotas agonizando a raíz de esta enfermedad, mientras que una argolla de envarados, recomendados y allegados se vacunaban de manera exprés e ilegal, robándole la oportunidad de vida al personal de salud de la primera línea. 

Y el colmo de la traición y la cobardía la encabeza el ex presidente Martín Vizcarra Cornejo, quien con su esposa fueron los primeros en recibir esta vacuna cuya oscura aplicación es símbolo de sinvergüencería, cobardía y  traición.

Los que cometieron ese vil acto han traicionado a aquellos héroes anónimos que a diario en turnos de doce horas exponen su vida y la de sus seres queridos, por cumplir con su deber de proteger al que está enfermo. Eso le han hecho a ese ejército de valientes soldados de la salud, eso le han hecho al Perú. No se han puesto una vacuna a escondidas, han herido la moral de una Nación que trata de mantenerse unida ante el azote de la pandemia, una Nación que resiste día a día con lo que tiene a mano para mantenerse en su puesto de batalla, han insultado a esa legión de peruanos que hacen lo correcto por mantener a flote este país que tanto amamos. Nos han disparado por la espalda con nuestras propias balas, y eso señores, no se le hace a nadie, menos a tu propia sangre, y mucho menos cuando se está librando una guerra mortal contra una pandemia.

Para los que no entienden o fingen no comprender, lo que han hecho estos traidores a la patria, para graficar, es como que si en plena guerra, un general manda a sus tropas al frente de batalla y en un descuido coge un tanque blindado, se sube en él y se protege, y huye por la retaguardia a escondidas, para ponerse individualmente a salvo. Tal cual.

Es inevitable sentir como hierve la sangre ante comportamientos tan bajos. Las investigaciones y las sanciones tendrán que venir y caer con toda la energía y firmeza que el sistema pueda ofrecer. Pero lo que debemos tener en cuenta es que nuestra sociedad y nuestro sistema está gravemente enfermo, y no por un virus que tarde o temprano controlaremos, sino por una enorme banda de corruptos anónimos que se esconden detrás de los escritorios del Estado y traicionan a la patria aprovechándose de sus recursos. 

Los corruptos se roban lo que tú pagas en impuestos, lo que tanto nos cuesta producir y hasta el dinero que pedimos prestado para hacer las obras de gran envergadura. Sustraen sistemática e impunemente los recursos que genera nuestra gran patria para construir escuelas, hospitales, carreteras, comisarías, ese dinero es el que sustraen estos miserables, y todo ello de manera organizada, como una mafia maldita, que confabula para chuparle la sangre a los que menos tienen, de una manera inmisericorde. 

Por ello es urgente y obligatorio que los candidatos a la presidencia se pronuncien y manifiesten públicamente su declaratoria de guerra a la corrupción como punto principal en sus planes de gobierno. 

No se puede construir un país saludable y fuerte sobre la escoria corrupta que vive dentro de las instituciones del Estado. Los candidatos que aspiran a la presidencia están obligados a comprometerse en la lucha contra la corrupción y no solo de palabra, sino con propuestas sólidas que contengan la creación y repotenciación de instituciones dedicadas exclusivamente a la detección de funcionarios corruptos en todos los niveles del Estado. El grado de infección es igual o peor al que atravesamos con el covid-19. Si no se actúa ahora la crisis moral va a terminar por aniquilar cualquier plan de resurgimiento económico, de educación, de salud, de alimentación o cualquiera que se emprenda. Esta es la pura verdad. Hasta la próxima semana mis amigos de Primera.

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