El primero conserva 14.6% sin variación frente a enero, mientras López Chau asciende a 5.3%, consolida su crecimiento y reduce distancia en la recta final hacia las elecciones 2026, según el IEP.

A menos de dos meses de las Elecciones Generales 2026, la última encuesta del Instituto de Estudios Peruanos (IEP) muestra que Rafael López Aliaga mantiene el primer lugar con 14.6% de intención de voto en febrero, prácticamente el mismo nivel que en enero (14.7%). En contraste, Alfonso López Chau incrementa su respaldo de 4.0% a 5.3%, consolidándose en el tercer puesto. El estudio también revela que el 64.2% del electorado ya definió su voto y que el 50.5% aún no identifica a un eventual ganador.
Un liderazgo que no crece
El dato central del sondeo es la estabilidad —sin expansión— del respaldo a López Aliaga. Aunque conserva la primera posición, el 14.6% registrado en febrero no representa avance respecto al mes anterior. En un contexto donde aumenta el porcentaje de votantes que ya definieron su preferencia (de 55.5% en enero a 64.2% en febrero), el estancamiento sugiere que el crecimiento del voto definido no se traduce, por ahora, en una ampliación de su base electoral.
El bloque de indecisos, voto blanco o quienes no acudirían a votar se reduce de 44.5% a 35.8%, lo que indica mayor activación del electorado. Sin embargo, ese movimiento no se concentra en el candidato que lidera, sino que se distribuye entre competidores directos y opciones emergentes.
López Chau: consolidación en el tercer lugar
En este escenario, Alfonso López Chau registra uno de los avances más consistentes del mes. Pasa de 4.0% a 5.3%, lo que representa un crecimiento de 1.3 puntos porcentuales y le permite consolidarse en el tercer lugar dentro del bloque competitivo.
El ascenso ocurre en un contexto de dispersión del voto —el grupo “otros candidatos” crece de 8.9% a 14.3%— y de movimientos en candidaturas intermedias. A diferencia de otras variaciones marginales, el incremento de López Chau se produce desde una base que ya lo ubicaba dentro del grupo de aspirantes con visibilidad nacional, lo que refuerza su posicionamiento en la competencia.
Reacomodo en el segundo bloque
Keiko Fujimori también muestra un avance relevante, al pasar de 8.1% a 10.3%, recortando distancia frente al primer lugar. Carlos Álvarez sube de 4.0% a 4.9%, mientras que Roberto Sánchez aumenta de 0.6% a 2.4%. César Acuña registra un alza de 1.4% a 2.3%.
En contraste, otros candidatos presentan retrocesos: Mario Vizcarra desciende a 4.0%, Yohny Lescano a 3.0%, Ricardo Belmont a 1.7% y George Forsyth a 1.5%. El conjunto de movimientos confirma una etapa de reconfiguración en el segundo y tercer bloque de la contienda.
Escenario abierto pese a mayor definición
Aunque el 64.2% afirma que votaría por un candidato si las elecciones fueran mañana, la percepción de un desenlace claro sigue siendo difusa. El 50.5% no identifica a un probable ganador. López Aliaga concentra 19.8% de menciones como eventual vencedor, Fujimori 10.7% y López Chau 3.7%.
Los datos evidencian que el aumento del voto definido no se traduce aún en una consolidación clara del liderazgo. Más bien, refleja un proceso de redistribución interna dentro de un electorado que empieza a cerrar filas, pero mantiene abierta la competencia.
Contexto institucional y clima político
La encuesta también muestra niveles elevados de desaprobación institucional. El Congreso registra 89% de desaprobación y solo 7% de aprobación. En paralelo, la aprobación del exmandatario José Jerí cae a 21%, frente a 33% en enero y 39% en noviembre de 2025.
En cuanto a la censura de Jerí, el país aparece dividido: 46% la respalda y 45% la rechaza. Este clima de desconfianza institucional constituye el telón de fondo en el que se desarrolla la campaña electoral.
Panorama
A dos meses de los comicios, el panorama muestra un liderazgo que se mantiene, pero no se expande. Mientras Rafael López Aliaga conserva el primer lugar sin variaciones significativas, Alfonso López Chau registra un crecimiento que lo posiciona con mayor firmeza en el tercer lugar. En un entorno de alta desaprobación institucional y percepción incierta sobre el eventual ganador, la competencia permanece abierta y sujeta a nuevos movimientos en la recta final del proceso electoral.
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