Los nuevos documentos que explican el alcance del poder social de Jeffrey Epstein

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La correspondencia privada evidencia cómo el financista, ya registrado como delincuente sexual, conservó interlocución privilegiada en Washington, Wall Street y universidades, mientras avanzaban investigaciones sobre abusos y tráfico sexual de menores.

Jeffrey Epstein, financista estadounidense condenado por delitos sexuales y fallecido en 2019 mientras esperaba un nuevo juicio por tráfico sexual de menores, sigue generando repercusiones política y socialmente. La reciente divulgación de más de 20.000 páginas de correos, notas y agendas personales ha puesto de manifiesto que, aun después de su condena de 2008, mantuvo contacto con figuras de alto perfil en la política, la academia y los negocios. El material, difundido por sus legatarios bajo órdenes judiciales, alimenta la pregunta central: por qué tantos personajes ricos y poderosos optaron por seguir en comunicación con Epstein, mientras otros rompieron radicalmente con él.

Antecedentes: un financista influyente y condenado por abusos sexuales

Jeffrey Epstein construyó su reputación en Nueva York como asesor financiero para grandes fortunas y donante habitual de instituciones académicas, entre ellas la Universidad de Harvard. Paralelamente, fue tejiendo relaciones con políticos, empresarios y personalidades del mundo intelectual en Estados Unidos y Europa.

En 2008 se declaró culpable en Florida de delitos relacionados con la prostitución de una menor y fue registrado como delincuente sexual. Cumplió una controvertida pena negociada mediante un acuerdo con la fiscalía, que luego sería duramente cuestionado. A pesar de ello, mantuvo su residencia en Manhattan, su isla privada en las Islas Vírgenes de EE.UU. y buena parte de sus conexiones sociales.

En 2019 fue detenido nuevamente, esta vez acusado de organizar una red de tráfico sexual de menores durante años. Pocas semanas después apareció muerto en su celda en Nueva York; la causa oficial fue suicidio. Su muerte impulsó múltiples investigaciones periodísticas y judiciales sobre su historial y sus vínculos, incluida la revisión de la documentación personal que hoy vuelve a situarlo en el centro del debate público.

Mensajes con una congresista en plena audiencia sobre Trump

Uno de los episodios que ha reavivado el escrutinio sobre la influencia de Epstein se remonta a 2019, durante una sesión de la Cámara de Representantes de Estados Unidos en la que testificaba Michael Cohen, entonces exabogado de Donald Trump.

Documentos divulgados recientemente muestran que, mientras se desarrollaba esa audiencia, la congresista Stacey Plaskett, representante por las Islas Vírgenes de EE.UU., intercambió mensajes con Epstein. En esos mensajes, el financista sugería preguntas referidas a un empleado de la Organización Trump. Tras formular parte de esas preguntas, la legisladora recibió un mensaje de Epstein: “Muy bien hecho”, según la reconstrucción difundida.

Plaskett ha señalado que el contacto se produjo antes del arresto de Epstein por tráfico sexual, y sostuvo que pidió información a diferentes fuentes, incluido el financista, a quien describió como uno de sus electores. También afirmó que apoya la divulgación completa de los expedientes relacionados con Epstein y manifestó su rechazo a sus conductas, ya conocidas públicamente.

El intercambio se produjo, sin embargo, después de la condena de 2008 y de investigaciones periodísticas que ya habían relacionado a Epstein con abusos a menores en su isla privada. La permanencia de ese vínculo ilustra hasta qué punto el financista siguió teniendo acceso directo a espacios de poder institucional en Washington.

Una red que se mantuvo activa: académicos, empresarios y políticos

Las más de 20.000 páginas de documentos difundidas muestran que Epstein cultivó una red extensa y heterogénea, integrada por políticos de distintos signos, académicos de renombre y ejecutivos de grandes corporaciones.

En el ámbito británico, el nombre del exministro Peter Mandelson ha quedado bajo especial escrutinio. Registros conocidos en los últimos meses indican que mantuvo comunicaciones con Epstein ya entrado 2016, es decir, años después de la primera condena del financista. El propio Mandelson ha dicho que desconocía el alcance de los delitos y que lamenta haber mantenido ese contacto.

En Estados Unidos, el economista Larry Summers —exsecretario del Tesoro y expresidente de la Universidad de Harvard— aparece en correos y registros de viaje. Informes recientes señalan que voló en el avión privado de Epstein en varias ocasiones y que intercambió mensajes con él hasta 2019. Tras hacerse públicos esos antecedentes, Summers anunció que se retiraría de sus compromisos públicos y reconoció que sus decisiones le habían causado daño a otras personas.

El lingüista Noam Chomsky también figura entre quienes mantuvieron contacto con Epstein. De acuerdo con reportes de prensa, Chomsky ha indicado que el financista lo asesoró en transferencias financieras y que, en su opinión, al haber cumplido una condena, Epstein se encontraba formalmente en libertad bajo las normas estadounidenses de la época. No se le ha atribuido participación en los delitos del financista.

El patrón que se desprende de la documentación es el de una figura que, aun marcada por una condena penal y acusaciones públicas reiteradas, siguió contando con interlocución habitual en sectores influyentes de la política, las finanzas y el mundo académico.

Dinámicas de poder, dinero e información

Diversos analistas han intentado explicar por qué personas con poder político, económico o intelectual mantuvieron contacto con Epstein.

El periodista Barry Levine, autor de una investigación sobre la red del financista y su entorno, sostiene que Epstein ejercía una combinación de carisma, capacidad de intermediación financiera y acumulación de información sensible sobre terceros. Según Levine, el propio Epstein se describía como un “coleccionista de personas”, capaz de construir relaciones que consideraba transaccionales: favores, inversiones o, en hipótesis más graves, posibles mecanismos de presión.

En sus años de actividad, Epstein asesoró a individuos y fundaciones con grandes patrimonios y demostró un amplio dominio de estructuras fiscales y financieras complejas. De acuerdo con investigaciones anteriores, esa pericia le permitió presentarse como un actor difícil de reemplazar para quienes buscaban optimizar o resguardar fortunas significativas.

Algunos observadores señalan, además, que su círculo social funcionaba como un espacio de alta reputación: la presencia de figuras conocidas podía reforzar la percepción de legitimidad del grupo, a pesar de las advertencias sobre sus antecedentes penales. Otros testimonios, sin embargo, apuntan a que muchos contactos de Epstein no eran plenamente conscientes de la dimensión de sus delitos, o minimizaron la importancia de la condena original de 2008, interpretándola como un episodio ya “superado”.

Los que cortaron vínculos y el costo reputacional

Aunque una parte de la élite mantuvo contacto con Epstein, otras figuras públicas tomaron distancia de manera explícita. Entre ellas se encuentra Donald Trump, quien en la década de 2000 había descrito al financista como un “tipo fantástico”, pero posteriormente declaró que dejó de frecuentarlo antes de su primer arresto. Más recientemente, el mandatario ha insistido en que rompió la relación hace años y ha negado tener conocimiento de los delitos sexuales atribuidos a Epstein.

Otro testimonio en sentido contrario es el de Howard Lutnick, alto ejecutivo del sector financiero y actual secretario de Comercio. En declaraciones recogidas en un podcast, relató que, tras una visita a la residencia de Epstein en Manhattan, decidió no volver a coincidir con él. Según su relato, la forma en que el financista describía el uso de una camilla de masajes instalada en su comedor le resultó “repugnante”, lo que lo llevó a cortar todo contacto.

Los especialistas coinciden en que, para quienes mantuvieron relación con Epstein tras la condena de 2008, el costo reputacional se ha incrementado de manera sostenida a medida que se han ido publicando nuevos documentos, testimonios y registros de viaje. Incluso en los casos en que no se ha alegado participación en delitos, la sola existencia de comunicaciones prolongadas con el financista ha derivado en explicaciones públicas, renuncias a cargos o cuestionamientos éticos.

Implicancias políticas y sociales

La revisión de los archivos de Epstein se inscribe en un contexto más amplio de demanda de transparencia sobre las relaciones entre poder económico, político y mediático. La publicación de miles de páginas de documentos personales ha reabierto debates sobre:

  • la responsabilidad de instituciones académicas y financieras que aceptaron donaciones o trabajaron con Epstein tras su primera condena;
  • los criterios de evaluación de riesgo reputacional en universidades, think tanks y organismos públicos;
  • la facilidad con que individuos con grandes fortunas pueden mantener acceso a espacios de poder incluso después de condenas por delitos graves.

En paralelo, organizaciones de víctimas insisten en que cualquier análisis sobre la red de Epstein debe mantener en el centro a las personas afectadas por sus abusos y por la complicidad —activa o pasiva— de quienes lo rodearon. Para estos colectivos, la publicación de expedientes y correos es una oportunidad para esclarecer responsabilidades y revisar fallas sistémicas en la protección de menores frente a la violencia sexual.

Panorama

La nueva documentación sobre Jeffrey Epstein confirma que su influencia en círculos de poder se prolongó mucho más allá de su primera condena penal. Mientras algunos interlocutores decidieron cortar toda relación, otros continuaron comunicándose con él o recurrieron a sus servicios financieros, aun cuando ya pesaban sobre su figura denuncias reiteradas y antecedentes judiciales. Los efectos concretos de estas revelaciones —en términos de investigaciones adicionales, responsabilidades institucionales o reformas regulatorias— siguen abiertos. Por ahora, los archivos publicados ofrecen una radiografía de cómo poder, dinero e información permitieron a un delincuente sexual condenado mantenerse cerca de la élite, incluso en pleno escrutinio público.

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