A casi dos semanas de la detención del mandatario, consumidores reportan fuertes alzas en alimentos y bienes básicos en medio de inflación y tensión cambiaria.

En Venezuela, la captura del entonces presidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el 6 de enero de 2026 ha reconfigurado el escenario político, pero en Caracas la atención cotidiana se concentra en el acelerado aumento de precios, la pérdida del poder adquisitivo y la volatilidad cambiaria, en un contexto de inflación persistente y restricciones a la exportación petrolera.
Antecedentes y contexto
Desde 2017, la economía venezolana arrastra un prolongado ciclo inflacionario asociado a sanciones internacionales, contracción productiva y una dolarización de facto. Los acontecimientos de inicios de enero —la detención de Maduro y su traslado a una prisión en Nueva York— añadieron incertidumbre política y financiera, presionando el tipo de cambio y reavivando tensiones en los mercados internos.
En supermercados y mercados populares de la capital, el impacto es inmediato. Productos básicos muestran incrementos abruptos, incluso en dólares, lo que obliga a los consumidores a sustituir marcas y reducir compras. “Me siento más pobre hoy que en diciembre”, relata María Luisa, vecina del municipio Chacao, al describir cómo el dinero rinde menos que semanas atrás.
Declaraciones y posturas
La experiencia se repite en distintos puntos de la ciudad. Yarilén, pensionada de 55 años, explica que la convivencia entre precios en bolívares y dólares complica las transacciones diarias: “Un negocio cobra en bolívares y el siguiente en dólares; hay que hacer cuentas todo el tiempo”.
Desde el análisis técnico, el economista Jesús Palacios, profesor de la Universidad Católica Andrés Bello, advierte que la inflación y la presión cambiaria afectan el crecimiento de corto plazo. Señala que la escasez de divisas, derivada de las trabas a la exportación petrolera y la brecha entre el dólar oficial y el paralelo, impulsa al alza los precios incluso en moneda extranjera.
Estadísticas y datos oficiales
De acuerdo con proyecciones del Fondo Monetario Internacional publicadas en octubre, Venezuela cerró 2025 con una inflación de 548% y un crecimiento económico estimado de 0,5%. El Producto Interno Bruto se mantiene cerca de 80% por debajo del pico alcanzado en 2012, cuando los altos precios del petróleo impulsaban la actividad.
El salario mínimo oficial permanece en 130 bolívares —menos de un dólar—, aunque bonos estatales elevan el ingreso promedio a entre US$60 y US$70 mensuales, aún distante de la canasta básica, estimada en alrededor de US$470 para una familia de cuatro miembros.
Implicaciones políticas, sociales y económicas
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha manifestado su intención de controlar y comercializar el petróleo venezolano, propuesta que genera rechazo entre amplios sectores de la población. Para muchos ciudadanos, la posibilidad de una administración externa de los recursos naturales despierta temores sobre soberanía y estabilidad social.
En paralelo, economistas como José Guerra, profesor de la Universidad Central de Venezuela, observan que los anuncios sobre acuerdos petroleros con la presidenta encargada Delcy Rodríguez han reducido la brecha cambiaria en el corto plazo y moderado el dólar paralelo. Sin embargo, advierten que sin ajustes de precios a la baja en dólares, el país podría convertirse en uno de los mercados más caros de la región.
Próximos escenarios
Los analistas coinciden en que una eventual mejora dependerá del restablecimiento de flujos de divisas y de la estabilidad política. Mientras tanto, la población recurre a múltiples actividades complementarias para sostener ingresos, una práctica extendida que refleja la fragilidad del mercado laboral y la adaptación cotidiana a la crisis.
Panorama
A casi dos semanas de la captura de Maduro, la dinámica económica domina la vida diaria en Venezuela. La inflación, el encarecimiento de bienes esenciales y la incertidumbre cambiaria condicionan las decisiones de consumo y eclipsan el debate político, mientras el país aguarda señales concretas de estabilización y recuperación.
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