Perú, en el tablero de la pugna entre Beijing y Washington

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La expansión china en minería, energía y puertos desata una ofensiva política de Estados Unidos para recuperar influencia.

China se ha convertido en el principal socio comercial e inversor de Perú en la última década, con presencia en minería, energía e infraestructura estratégica como el puerto de Chancay. En paralelo, el gobierno del presidente estadounidense Donald Trump ha intensificado desde 2024 su presión diplomática y cooperación militar con Lima para limitar la expansión china, en un contexto de creciente rivalidad geopolítica en América Latina.

Antecedentes y contexto

Los vínculos entre Perú y China se remontan al siglo XIX, cuando miles de trabajadores chinos llegaron al país tras la abolición de la esclavitud para cubrir la demanda de mano de obra agrícola. Con el tiempo, esa migración dio origen a una de las comunidades chinas más numerosas de América Latina y a una integración cultural visible en expresiones como la gastronomía “chifa”.

Sin embargo, la relación adquirió una dimensión estratégica a partir de la transformación de China en potencia económica global. Desde 2010, el gigante asiático desplazó a Estados Unidos como principal socio comercial del Perú.

Según cifras oficiales del gobierno peruano, China concentró en 2023 aproximadamente el 31% del comercio exterior peruano, frente al 17% correspondiente a Estados Unidos. Asimismo, absorbe cerca del 36% de las exportaciones peruanas, principalmente minerales como cobre y litio, insumos clave para la transición energética y la industria tecnológica.

Carlos Aquino, investigador del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, señaló a BBC Mundo que China representa cerca de una cuarta parte de la inversión extranjera acumulada en el país, lo que la convierte en el principal inversor individual.

Sectores estratégicos bajo capital chino

La expansión china se ha concentrado en sectores considerados estratégicos:

  • Minería: La mina Las Bambas, en Apurímac, es controlada por la empresa MMG, de capital chino, y constituye uno de los mayores yacimientos de cobre del mundo.
  • Energía eléctrica: En 2019, China Yangtze Power International adquirió Luz del Sur, que abastece a gran parte de Lima. En 2023, la italiana Enel vendió su operación peruana a State Grid Corporation of China, consolidando el control chino sobre la distribución eléctrica en la capital.
  • Infraestructura portuaria: El puerto de Chancay, inaugurado en 2024 y controlado por Cosco Shipping Ports, se proyecta como un nodo logístico clave entre Sudamérica y Asia.

El megapuerto de Chancay movilizó en 2025 más de 126.000 TEU en operaciones de transbordo, principalmente con origen en China y destino en Chile y Colombia. La infraestructura forma parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta promovida por Beijing.

Aquino subraya que el puerto está diseñado para canalizar mercancías de países como Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia hacia Asia, reforzando el papel del Perú como plataforma logística regional.

La reacción de Washington

El gobierno de Donald Trump ha manifestado públicamente su preocupación por la creciente influencia china en Perú. Tras un fallo judicial que limitó la fiscalización del puerto de Chancay por parte de Ositrán, la Oficina para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado expresó en febrero su inquietud por la posible pérdida de supervisión estatal sobre la infraestructura.

El mensaje oficial señaló que el “dinero barato chino cuesta soberanía”, declaración que fue rechazada por el Ministerio de Relaciones Exteriores de China, que calificó las críticas como infundadas.

En el plano diplomático, el nuevo embajador estadounidense en Lima, Bernie Navarro, cuestionó la cesión de infraestructuras críticas a empresas chinas y reforzó el discurso de advertencia frente a la expansión asiática.

Paralelamente, Washington ha fortalecido la cooperación en defensa. En enero, Trump designó a Perú como Aliado Principal No Miembro de la OTAN, el mayor nivel de asociación militar fuera de la Alianza Atlántica. Además, Estados Unidos aprobó ventas de material militar por US$1.500 millones y participa en la modernización de la base naval del Callao.

En el ámbito aeronáutico, la empresa Lockheed Martin compite con fabricantes europeos por el contrato de renovación de la flota de combate peruana, que incluye la oferta del caza F-16.

Implicaciones económicas y geopolíticas

La rivalidad entre Washington y Beijing sitúa al Perú en un escenario de equilibrio estratégico. Mientras China domina el comercio de materias primas —sector donde la demanda estadounidense es menor debido a su estructura productiva—, Estados Unidos mantiene liderazgo en cooperación militar y formación de oficiales peruanos.

Especialistas señalan que la expansión china en Perú se ha producido, en gran medida, mediante adquisiciones voluntarias de activos en venta por empresas occidentales, más que por desplazamientos forzados.

En términos económicos, la interdependencia comercial con China parece difícil de revertir a corto plazo. La economía peruana depende significativamente de la exportación de minerales hacia el mercado asiático, que constituye el principal destino natural de estos productos.

Próximos escenarios

La estrategia estadounidense combina presión diplomática con incentivos en materia de defensa y seguridad. Sin embargo, analistas advierten que la ausencia de inversiones alternativas de similar magnitud podría limitar la capacidad de Washington para sustituir el capital chino en sectores estratégicos.

Por su parte, China mantiene su política de expansión comercial en la región bajo esquemas de inversión en infraestructura y energía.

Panorama

Perú se encuentra en el centro de la competencia estratégica entre China y Estados Unidos en América Latina. Mientras Beijing consolida su presencia como socio comercial e inversor dominante, Washington refuerza su influencia en seguridad y defensa. La evolución de esta dinámica dependerá de la capacidad de ambos actores para sostener su compromiso económico y político con el país andino, en un entorno internacional marcado por la rivalidad entre las dos principales potencias globales.

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