Trabajar ya no alcanza: crece la pobreza entre empleados en Argentina

El fenómeno de los “trabajadores pobres” se expande pese a la caída oficial de la pobreza y evidencia el deterioro sostenido del poder adquisitivo.

“Estoy en modo supervivencia”: por qué tener empleo ya no garantiza salir de la pobreza en Argentina

Tener un empleo formal en Argentina ya no asegura cubrir las necesidades básicas. Así lo reflejan múltiples estudios recientes y testimonios como el de Antonela, una trabajadora de Buenos Aires que, pese a contar con ingresos estables, no logra sostener su nivel de vida. El fenómeno, identificado como el de los “trabajadores pobres”, se ha extendido en el país en los últimos años, en un contexto marcado por inflación persistente, caída del salario real y aumento de la informalidad laboral.

Un empleo que no alcanza

Antonela, de 37 años, trabaja de lunes a sábado en un instituto privado, pero su salario ya no cubre los gastos que antes sí podía afrontar. “Siento que estoy en modo supervivencia”, afirma. A pesar de tener estudios universitarios y un ingreso superior al mínimo, se ha visto obligada a buscar fuentes adicionales de ingresos sin remuneración fija.

Su situación no es aislada. De acuerdo con especialistas del Instituto Interdisciplinario de Economía Política de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el deterioro del empleo formal se ha profundizado, registrando meses consecutivos de caída. Roxana Maurizio, directora del área laboral del instituto, advierte que “tener un empleo ya no es un seguro contra la pobreza en Argentina”.

El avance de los “trabajadores pobres”

El concepto describe a personas que, aun teniendo trabajo, no logran superar la línea de pobreza. Según datos de la Fundación Mediterránea, uno de cada cinco trabajadores en Argentina se encuentra en esta situación.

La problemática se agrava en el sector informal: uno de cada tres trabajadores sin registro formal es pobre. En contraste, entre los asalariados formales la incidencia es menor, aunque igualmente significativa.

Para expertos como Eduardo Donza, de la Universidad Católica Argentina (UCA), el problema central radica en la precariedad laboral y el crecimiento de la economía informal, que actualmente concentra a más de la mitad de los trabajadores ocupados.

Caída de la pobreza y cuestionamientos

El gobierno de Javier Milei ha destacado recientemente una reducción de la pobreza al 28%, el nivel más bajo en siete años, según datos oficiales del Indec. El ministro de Economía, Luis Caputo, atribuyó este resultado al crecimiento económico, la desaceleración de la inflación y el fortalecimiento de programas sociales.

No obstante, diversos analistas cuestionan estas cifras. Señalan que la metodología de medición puede distorsionar los resultados en contextos inflacionarios, y advierten que otros indicadores, como los salarios reales, continúan en retroceso.

Inflación, salarios e informalidad

Entre 2010 y 2025, el poder adquisitivo del ingreso medio laboral cayó más de un 20%, según la UCA. Este deterioro explica por qué cada vez más trabajadores necesitan múltiples empleos o recurren al endeudamiento para sostener su nivel de vida.

A ello se suma una inflación interanual aún elevada, cercana al 33%, y la expansión de la informalidad, que afecta a unos 6 millones de trabajadores sin acceso a derechos laborales básicos.

Especialistas coinciden en que este escenario debilita tanto los ingresos como las condiciones laborales, generando un círculo en el que incluso el empleo formal pierde capacidad de protección social.

Implicaciones sociales y económicas

El crecimiento de los “trabajadores pobres” refleja un cambio estructural en el mercado laboral argentino. La movilidad social ascendente se debilita y cada vez más personas perciben que su situación económica es peor que la de generaciones anteriores.

Según encuestas de la UCA, cuatro de cada diez argentinos consideran que están en una posición inferior a la de sus padres, lo que evidencia una pérdida de expectativas y estabilidad.

Panorama

El caso argentino muestra que la recuperación de indicadores macroeconómicos no necesariamente se traduce en mejoras directas en la calidad de vida de los trabajadores. Mientras persistan la inflación, la informalidad y la caída del salario real, el empleo continuará perdiendo su rol histórico como principal herramienta para salir de la pobreza.