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El Colegio Regional de Obstetras III Lima Callao alertó el 8 de abril en Lima sobre la necesidad de reforzar el primer nivel de atención para continuar reduciendo la mortalidad materna en el Perú, que pasó de más de 600 casos anuales en 2000 a 209 en 2025. La especialista Jenny Zavaleta destacó que, pese a la recuperación tras la pandemia, persisten desigualdades territoriales y limitaciones en el acceso a servicios de salud.
En las últimas décadas, el Perú ha logrado avances sostenidos en la reducción de la mortalidad materna. Según datos expuestos en el evento, el país alcanzó en 2019 uno de sus niveles más bajos, con 312 fallecimientos.
Sin embargo, la pandemia de COVID-19 revirtió parcialmente esta tendencia, elevando las cifras a 444 casos en 2020 y cerca de 493 en 2021, como consecuencia de la saturación del sistema de salud y la interrupción de controles prenatales.
En los años posteriores, los indicadores han retomado una trayectoria descendente, aunque aún no se consolidan niveles homogéneos en todo el territorio nacional.
Durante el análisis técnico, se identificó que la hemorragia obstétrica y los trastornos hipertensivos del embarazo concentran aproximadamente el 40% de las muertes maternas. A estas causas se suman infecciones y complicaciones asociadas a enfermedades preexistentes.
Factores como la anemia, la obesidad y enfermedades crónicas no diagnosticadas incrementan el riesgo, especialmente en contextos donde el acceso a controles prenatales es limitado.
Especialistas coincidieron en que muchas de estas muertes son prevenibles mediante una detección temprana y una respuesta oportuna ante emergencias obstétricas.
Uno de los principales desafíos identificados es la desigualdad en el acceso a servicios de salud. En zonas rurales y amazónicas, las pacientes enfrentan largos desplazamientos y limitaciones logísticas que dificultan la atención oportuna.
Estas condiciones generan diferencias significativas en los resultados de salud materna entre regiones, evidenciando la necesidad de fortalecer la red de atención primaria.
Otro factor relevante es el embarazo en adolescentes. De acuerdo con los datos presentados, cada año se registran entre 3 y 11 muertes maternas en menores de 17 años, lo que refleja la necesidad de reforzar la educación sexual integral y las estrategias de prevención.
A nivel regional, América Latina presenta entre 60 y 68 muertes maternas por cada 100 mil nacidos vivos, una cifra cercana a la meta de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030, pero que aún exige esfuerzos sostenidos.
La decana Jenny Zavaleta subrayó que el primer nivel de atención cumple una función determinante en la detección temprana de riesgos durante el embarazo. En particular, destacó el rol de las obstetras en zonas rurales, donde constituyen el primer contacto con el sistema de salud.
Asimismo, señaló que es necesario fortalecer tanto la capacitación del personal como la capacidad resolutiva de los establecimientos, con el fin de prevenir complicaciones y reducir la mortalidad materna.
Los especialistas coincidieron en que la reducción sostenida de la mortalidad materna requiere un enfoque integral que incluya mejoras en infraestructura sanitaria, educación, prevención y reducción de desigualdades territoriales.
El reto, indicaron, es consolidar un sistema de salud que garantice atención oportuna y segura para todas las mujeres, independientemente de su ubicación geográfica.
Si bien el Perú ha logrado avances significativos en la reducción de la mortalidad materna, los especialistas advierten que la sostenibilidad de estos resultados dependerá del fortalecimiento del primer nivel de atención y de la capacidad del sistema para cerrar las brechas existentes.