Los modelos del ECMWF superan los 3 °C de anomalía en el Pacífico; el récord de 2015-2016 queda 0,2 °C atrás.

El episodio de El Niño ya está en desarrollo en el Pacífico ecuatorial y los modelos meteorológicos anticipan una intensidad superior a la registrada en 2015-2016. Las proyecciones del Centro Europeo de Previsiones Meteorológicas a Plazo Medio (ECMWF) superan los 3 °C de anomalía en la temperatura superficial del mar, frente al máximo de 2,8 °C alcanzado durante aquel evento histórico.
La diferencia proyectada es de 0,2 °C y coloca al fenómeno en trayectoria de convertirse en el más fuerte de la historia moderna. Sin embargo, el récord solo podrá confirmarse cuando las mediciones oceánicas registren efectivamente esos valores durante los próximos meses.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) estima una probabilidad del 80 % de condiciones de El Niño entre junio y agosto, que se eleva al 90 % para el periodo posterior. El organismo advierte que un episodio de esta intensidad puede agravar las sequías, las lluvias extremas y las olas de calor, además de afectar la agricultura, la pesca, los recursos hídricos y la infraestructura.
Un calentamiento que ya alcanza la categoría de fuerte
El Niño es la fase cálida de El Niño-Oscilación del Sur (ENOS), un patrón natural que altera la interacción entre el océano y la atmósfera en el Pacífico tropical. Se desarrolla cuando los vientos alisios se debilitan y permiten que las aguas cálidas acumuladas en el oeste se desplacen hacia el centro y el este del océano.
Este proceso eleva la temperatura superficial del mar frente a las costas de Sudamérica y modifica la circulación atmosférica mundial. Como consecuencia, cambian los regímenes de lluvias, temperaturas y vientos en distintas regiones del planeta.
La anomalía térmica registrada en julio alcanzó 1,5 °C, umbral correspondiente a un episodio fuerte. La intensidad podría seguir aumentando debido al calor acumulado bajo la superficie del Pacífico, donde se han medido desviaciones de hasta 10 °C en determinadas profundidades.
Ese reservorio subsuperficial constituye una fuente de energía capaz de sostener el calentamiento del océano. Las proyecciones elaboradas por el ECMWF a partir del 1 de agosto muestran que la mayoría de sus escenarios supera los 3 °C hacia la primavera austral.
El récord de 2015-2016, bajo amenaza
El episodio de 2015-2016 es el principal punto de comparación. Su máxima anomalía térmica fue de aproximadamente 2,8 °C y sus efectos se extendieron por distintas regiones, con sequías, inundaciones, incendios y daños en los ecosistemas marinos.
Los modelos actuales colocan al nuevo evento 0,2 °C por encima de ese registro. De materializarse el pronóstico, se trataría del mayor calentamiento documentado en el Pacífico ecuatorial desde que existen observaciones modernas comparables.
La expresión “súper El Niño” suele emplearse para describir episodios excepcionales, aunque no constituye una categoría meteorológica oficial. La clasificación técnica correspondiente es la de El Niño “muy fuerte”.
La diferencia entre una proyección y un récord observado sigue siendo fundamental. Los modelos describen el escenario más probable, pero la intensidad definitiva dependerá del comportamiento de los vientos alisios, la circulación atmosférica y la temperatura del océano durante los próximos meses.
La OMM alerta sobre un episodio intenso
“Esta actualización es importante porque El Niño es un factor determinante de los patrones meteorológicos y climáticos a nivel mundial”, señaló la secretaria general de la OMM, Celeste Saulo.
La funcionaria llamó a los gobiernos a prepararse ante un episodio intenso que puede agravar las sequías y las precipitaciones, además de elevar el riesgo de olas de calor terrestres y marinas.
La OMM ha precisado que no existen evidencias concluyentes de que el cambio climático aumente la frecuencia o la intensidad de El Niño. No obstante, advierte que sus consecuencias pueden agravarse en una atmósfera y un océano progresivamente más cálidos.
El calentamiento global aporta mayor energía y humedad al sistema climático. Esta condición puede reforzar las temperaturas extremas y aumentar la capacidad de la atmósfera para generar precipitaciones intensas.
Los primeros efectos ya se manifiestan
La intensificación del fenómeno coincide con sequías, incendios forestales y alteraciones de los ecosistemas en distintas regiones. En Indonesia, los equipos de emergencia combaten incendios alimentados por una estación seca particularmente severa.
En México, las autoridades investigan episodios de mortandad masiva de aves marinas cuya posible relación con el calentamiento del océano ha sido planteada de manera preliminar. En Sudamérica, las primeras respuestas atmosféricas de consideración comenzaron a manifestarse durante julio.
Estos acontecimientos no pueden atribuirse automáticamente a El Niño sin estudios específicos. Sin embargo, corresponden al tipo de riesgos que suelen intensificarse cuando el calentamiento del Pacífico modifica los patrones meteorológicos regionales.
Sudamérica ante un escenario de mayor riesgo
Para la costa sudamericana del Pacífico, la posibilidad de superar los 3 °C de anomalía implica un escenario de especial vigilancia. El aumento de la temperatura del mar puede alterar la distribución de especies, afectar la pesca y favorecer condiciones atmosféricas asociadas con lluvias intensas.
Las posibles consecuencias incluyen inundaciones, deslizamientos, daños en carreteras y viviendas, interrupciones de servicios públicos y pérdidas agrícolas. También pueden verse comprometidos el abastecimiento de agua, la generación energética y las cadenas de suministro.
La OMM prevé precipitaciones superiores a la media en las cuencas del Paraná y del Río de la Plata, así como en sectores del Cuerno de África, Norteamérica y Asia. Paralelamente, anticipa temperaturas elevadas en gran parte de la superficie terrestre.
Efectos sociales y económicos
Un episodio superior al de 2015-2016 tendría repercusiones que exceden el ámbito meteorológico. La reducción de las cosechas puede presionar los precios de los alimentos, mientras las lluvias extremas pueden interrumpir carreteras, puertos y redes comerciales.
En el sector pesquero, el calentamiento del océano modifica el desplazamiento y la disponibilidad de las especies. En la agricultura, tanto la falta como el exceso de precipitaciones pueden reducir la producción y afectar los ingresos de miles de familias.
Los gobiernos también enfrentan mayores gastos en prevención, atención de emergencias y reconstrucción. La magnitud proyectada exige reforzar los sistemas de alerta temprana, asegurar recursos presupuestarios y revisar la infraestructura ubicada en zonas vulnerables.
El momento decisivo llegará entre octubre y diciembre
Los centros internacionales de previsión sitúan provisionalmente el pico del episodio entre octubre y diciembre. Durante ese periodo se podrá establecer si la anomalía supera efectivamente los 3 °C y deja atrás el récord de 2,8 °C registrado en 2015-2016.
La vigilancia se concentrará en la temperatura superficial y subsuperficial del Pacífico, la intensidad de los vientos alisios y la respuesta de la atmósfera. Estos indicadores determinarán la duración del fenómeno y la distribución geográfica de sus efectos.
La experiencia de episodios anteriores muestra que los impactos más importantes pueden presentarse después del máximo calentamiento oceánico. Por esa razón, las medidas preventivas deberán mantenerse incluso cuando la temperatura del Pacífico comience a descender.
Estado actual
El Niño ya está en marcha y presenta una anomalía compatible con la categoría de evento fuerte. Los modelos del ECMWF proyectan que superará los 3 °C, situándose 0,2 °C por encima del máximo de 2015-2016.
La trayectoria prevista apunta al episodio más intenso de la historia moderna, pero la confirmación del récord dependerá de las mediciones de los próximos meses. Mientras tanto, la elevada probabilidad de intensificación y los primeros impactos observados obligan a mantener la vigilancia y acelerar los preparativos frente a sus posibles consecuencias.







