TRUMP Y XI SE VERÁN POR TERCERA VEZ CON LA IA EN EL CENTRO DE LA AGENDA

Los dos presidentes se reunieron en Busan en octubre de 2025 y en Pekín en mayo de 2026.

Donald Trump y Xi Jinping se reunirán el jueves 24 de septiembre de 2026 en la Casa Blanca, en su tercer encuentro presencial desde el inicio del segundo mandato del presidente estadounidense. La inteligencia artificial ocupará un lugar central en unas conversaciones que también estarán marcadas por el comercio, las tierras raras y la competencia tecnológica entre las dos mayores economías del mundo.

La cita estará seguida por una cena de Estado y se producirá después de las reuniones celebradas en Busan, Corea del Sur, el 30 de octubre de 2025, y en Pekín, los días 14 y 15 de mayo de 2026. En esos encuentros, ambos gobiernos alcanzaron acuerdos parciales sobre aranceles, compras agrícolas, exportaciones de minerales críticos y mecanismos de cooperación comercial.

LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL ENTRA EN EL DIÁLOGO BILATERAL

La agenda tecnológica llega precedida por una reunión celebrada el domingo 20 de septiembre en Nueva York entre el secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, y el viceprimer ministro chino, He Lifeng.

Bessent propuso establecer un mecanismo bilateral de notificación para incidentes relacionados con inteligencia artificial que alcancen el nivel de amenaza para la seguridad nacional. La iniciativa busca incrementar la transparencia entre ambas potencias y reducir el riesgo de que una falla, una operación automatizada o un ciberataque sean interpretados como una acción deliberada del otro país.

“Pasar de la opacidad a una mayor transparencia entre las dos principales potencias de inteligencia artificial del mundo es muy importante”, declaró Bessent al concluir las conversaciones.

La delegación china confirmó que la IA formó parte del encuentro, aunque no anunció si acepta la propuesta estadounidense. Ambas partes acordaron continuar el diálogo.

Trump y Xi ya habían abordado en mayo la posibilidad de iniciar consultas sobre el desarrollo de esta tecnología, pero el mecanismo no llegó a formalizarse. La nueva propuesta será sometida ahora a consideración de ambos mandatarios.

LOS RIESGOS QUE PREOCUPAN A AMBAS POTENCIAS

Especialistas estadounidenses y chinos han planteado la necesidad de establecer canales de comunicación para afrontar incidentes provocados por sistemas autónomos, particularmente aquellos capaces de intervenir en redes militares, infraestructuras críticas o servicios esenciales.

Entre las medidas consideradas figuran la preservación del control humano sobre decisiones militares de alto impacto, la protección de los sistemas de mando nuclear y la creación de un mecanismo de comunicación para incidentes vinculados con IA.

El objetivo sería evitar que una operación automatizada, un ataque informático o el comportamiento imprevisto de un sistema avanzado desencadenen una respuesta militar por una interpretación equivocada.

Washington también ha expresado preocupación por el posible empleo de estas herramientas para facilitar ciberataques o el desarrollo de armas biológicas y nucleares. Hasta ahora, sin embargo, estas propuestas no se han traducido en un acuerdo formal entre ambos gobiernos.

DOS MODELOS DIFERENTES DE REGULACIÓN

Estados Unidos y China coinciden en la importancia estratégica de la inteligencia artificial, pero mantienen enfoques distintos sobre su regulación.

La Administración Trump se resiste a establecer nuevas restricciones federales que puedan desacelerar el desarrollo de la industria estadounidense. El mandatario ha desestimado los llamados de ejecutivos tecnológicos a imponer controles adicionales y sostiene que frenar el avance nacional concedería una ventaja a China.

Pekín, por su parte, ha desarrollado una estructura regulatoria que incluye controles sobre los algoritmos, los datos empleados para entrenar sistemas y la identificación de contenidos generados mediante inteligencia artificial.

El contraste no supone que China pretenda detener su industria. El Gobierno de Xi combina la regulación de determinados usos con políticas dirigidas a fortalecer a sus empresas tecnológicas y reducir su dependencia de componentes extranjeros.

CHIPS Y “DESTILACIÓN”, LOS OTROS FRENTES

El acceso chino a semiconductores avanzados y equipos para fabricarlos continúa siendo uno de los principales puntos de fricción.

Estados Unidos mantiene desde 2022 restricciones a la exportación de chips y maquinaria de última generación. Washington también estudia medidas para impedir que empresas chinas accedan remotamente a centros de datos ubicados en terceros países y utilicen así procesadores estadounidenses sometidos a controles.

Otro foco de tensión es la denominada “destilación”, técnica mediante la cual un modelo más pequeño aprende utilizando las respuestas producidas por otro sistema de mayor capacidad. Estados Unidos ha acusado a empresas chinas de emplear este procedimiento para copiar tecnología estadounidense. La Embajada de China en Washington ha rechazado esas imputaciones.

El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, aclaró que las restricciones sobre chips avanzados y equipos de fabricación no fueron incluidas en el mecanismo de diálogo sobre seguridad de la IA discutido en Nueva York.

EL COMERCIO Y LAS TIERRAS RARAS SIGUEN EN LA MESA

Aunque la inteligencia artificial tendrá un papel destacado, la cumbre también buscará preservar la frágil tregua comercial alcanzada en Busan, cuya vigencia termina el 10 de noviembre.

En aquella reunión, Estados Unidos redujo parte de sus aranceles y aplazó determinadas restricciones, mientras China se comprometió a suspender controles sobre tierras raras, combatir el tráfico de precursores químicos del fentanilo y reanudar compras de productos agrícolas estadounidenses.

Durante la cumbre de Pekín, ambos gobiernos acordaron crear mecanismos de comercio e inversión y China anunció compras adicionales de productos agrícolas y aviones estadounidenses. Parte de esos compromisos continúa pendiente de ejecución.

Bessent y He también discutieron la puesta en funcionamiento de un Consejo de Comercio destinado a identificar productos no estratégicos que puedan beneficiarse de reducciones arancelarias. Estados Unidos mencionó bienes de consumo, productos agrícolas, energía y equipos médicos como posibles candidatos, pero todavía no existe una lista definitiva.

La posición negociadora de Pekín se ve fortalecida por su dominio de las cadenas mundiales de tierras raras. China concentra alrededor del 70 % de la extracción global y el 85 % de la capacidad de refinación, recursos indispensables para las industrias tecnológica, automotriz y de defensa.

UN ACUERDO LIMITADO ES EL ESCENARIO MÁS PROBABLE

Las diferencias sobre semiconductores, propiedad tecnológica, regulación y competencia industrial reducen las posibilidades de un pacto amplio.

El resultado más factible es la formalización de un diálogo sobre seguridad de la inteligencia artificial y la creación de un sistema de notificación para incidentes graves. Una medida de ese tipo permitiría mejorar la comunicación sin obligar a ninguno de los dos países a revelar secretos comerciales ni limitar el desarrollo de sus modelos.

También podría anunciarse una extensión de la tregua comercial o avances parciales en las compras agrícolas y la reducción de aranceles para productos considerados no estratégicos.

No existe, en cambio, un compromiso bilateral para desacelerar el desarrollo de la inteligencia artificial. Ambos gobiernos consideran esta tecnología decisiva para su competitividad económica, su capacidad militar y su influencia internacional.

La tercera reunión entre Trump y Xi llega así con un objetivo más limitado que resolver la rivalidad tecnológica: impedir que la competencia derive en una escalada comercial, informática o militar difícil de controlar.