Canal, democracia y memoria: el saldo mixto de la intervención estadounidense en Panamá

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Hubo estabilización electoral y auge logístico posterior, pero también denuncias por víctimas civiles, desplazamientos y poca rendición de cuentas.

En diciembre de 1989, Estados Unidos ejecutó la Operación Causa Justa para derrocar y capturar al entonces líder de facto de Panamá, Manuel Antonio Noriega, a quien Washington acusaba de narcotráfico. La intervención comenzó el 20 de diciembre de 1989, desplegó decenas de miles de soldados y concluyó con la rendición de Noriega el 3 de enero de 1990, tras lo cual fue trasladado a Estados Unidos para enfrentar cargos. Según el recuento citado, el país quedó con economía en crisis, un reordenamiento político acelerado y un debate persistente sobre el peso de EE.UU. en la reconstrucción institucional y el modelo de seguridad panameño.

Antecedentes y contexto

Antes de la intervención, Noriega había sido una figura relevante en el tablero de la Guerra Fría, con vínculos previos con agencias de inteligencia estadounidenses. Sin embargo, la relación con Washington se deterioró en la década de 1980, en paralelo a acusaciones por delitos vinculados al tráfico de drogas y a su cercanía con otras redes de espionaje, lo que derivó en cargos formales en EE.UU.

La tensión bilateral escaló en 1989, después de que Noriega anulara las elecciones generales de mayo y aumentara la represión contra la oposición. En ese contexto, el gobierno de George H. W. Bush justificó la operación por razones de seguridad ligadas al Canal de Panamá y por los señalamientos de narcotráfico y lavado de dinero.

La invasión y la captura

El operativo militar se inició el 20 de diciembre de 1989. De acuerdo con la cronología citada, EE.UU. reforzó el contingente en la zona del Canal y elevó el despliegue hasta más de 24.000 soldados, con lo cual las fuerzas panameñas fueron superadas en pocos días. Noriega evitó la captura durante un breve periodo, pero finalmente se entregó el 3 de enero de 1990 y fue trasladado a Estados Unidos, donde fue condenado a una larga pena de prisión por delitos relacionados con narcotráfico (según el recuento difundido).

Repercusiones económicas y reconstrucción política

El país llegó a la intervención con una economía debilitada. El texto citado atribuye un impacto central a las sanciones estadounidenses impuestas el año previo para presionar la salida de Noriega. En esa línea, se recuerda un reporte del Los Angeles Times (diciembre de 1989) que sostenía que las sanciones no lograron el objetivo político, pero afectaron severamente el sistema bancario y aceleraron la fuga de capitales.

Bajo ese escenario, Panamá entró en recesión y, según el mismo recuento, registró un deterioro social significativo, con un segmento amplio de la población viviendo con ingresos extremadamente bajos.

En el plano institucional, el Tribunal Electoral reestableció con rapidez el orden constitucional y restituyó los resultados de los comicios de mayo de 1989, reconociendo como ganador a Guillermo Endara, quien fue confirmado el 27 de diciembre de 1989 junto a sus vicepresidentes.

Voces y controversias sobre legitimidad

La transición no estuvo exenta de cuestionamientos. El texto citado recuerda que Endara enfrentó críticas internas y externas por ser percibido como un mandatario bajo protección estadounidense, y alude a una cobertura de la revista Time sobre el simbolismo de un gobierno “Hecho en EE.UU.” en los primeros días del nuevo ciclo político.

A su vez, se cita una entrevista atribuida a The New York Times (1990) en la que Endara reconoce el costo reputacional de asumir el poder en esas circunstancias, pero justifica su decisión por razones cívicas y patrióticas, pese a haber expresado oposición previa a la acción militar.

El papel de Washington después del retiro militar

La influencia de Estados Unidos no terminó con la salida relativamente rápida de sus tropas. La académica Adriana Marin, catedrática de Relaciones Internacionales de la Universidad de Coventry, sostiene —según el texto— que esa influencia persistió por canales políticos, económicos e institucionales.

Entre los puntos señalados por Marin figura el impulso a un rediseño de la seguridad panameña: abolición del ejército y consolidación de un modelo basado en fuerzas policiales, así como la incidencia en la política económica mediante cooperación, instituciones financieras e integración comercial. La especialista enmarca este patrón como una forma de “gobernanza indirecta” posterior a una intervención militar.

Punto de inflexión: el Canal y el despegue logístico

Un hito posterior fue la transferencia completa del Canal de Panamá en 1999, en virtud de los Tratados Torrijos-Carter (1977). Desde entonces, el Canal consolidó un ciclo de modernización —incluida una expansión en 2016— y se convirtió en el núcleo de un ecosistema logístico que, según el recuento, aportó miles de millones de dólares a la economía panameña y sostuvo un crecimiento promedio alto por varios años.

Costos humanos y memoria social

En el plano social, el balance permanece discutido. El texto recoge que la incursión de 1989 dejó cientos de muertes civiles y el desplazamiento de unas 20.000 personas, de acuerdo con un informe citado de una misión de asistencia técnica de la ONU (1995). También se describe la destrucción de barrios como El Chorrillo y la persistencia de reclamos por reconocimiento de pérdidas y rendición de cuentas, aspectos que, según Marin, han dificultado una reconciliación completa.

Implicancias regionales y proyección de consecuencias

El artículo enmarca el caso panameño como antecedente útil para leer episodios contemporáneos: una intervención reciente de EE.UU. en el continente para capturar a un líder acusado de narcotráfico reactivó la comparación histórica. A partir de esa analogía, el texto sugiere que la pregunta clave no es solo si una operación logra sus objetivos inmediatos, sino cómo reordena el poder interno, qué nivel de autonomía conserva el Estado intervenido y qué precedentes deja para países más pequeños.

En esa línea, Marin sostiene que el precedente de Panamá instaló una idea políticamente sensible: la soberanía como condición sujeta a interpretaciones externas sobre legitimidad, seguridad y democracia, un debate que continúa influyendo en la relación de EE.UU. con América Latina.

Panorama

La caída de Noriega y el fin del régimen militar abrieron paso a la normalización electoral y a un Estado civil más estable en Panamá, con un despegue económico posterior asociado al Canal y al sector logístico. Pero el período también dejó costos económicos inmediatos, controversias sobre tutela externa y heridas sociales por el impacto humano de la invasión. A más de tres décadas, el caso sigue funcionando como referencia para medir las consecuencias políticas e institucionales de una intervención militar en la región.

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