Alan McPherson sostiene que Washington distorsiona el sentido original de 1823 y eleva el costo diplomático de su ofensiva regional.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reactivó su lectura de la Doctrina Monroe tras la operación militar del sábado en Venezuela que derivó en la detención de Nicolás Maduro; el historiador Alan McPherson afirmó el 6 de enero de 2026 a BBC Mundo que el mensaje implícito es que Washington “hará lo que quiera” en el hemisferio, lo que, según él, tensiona la soberanía regional, prioriza objetivos estratégicos —incluido el petróleo— y eleva el riesgo de fricciones con gobiernos latinoamericanos, además de reacciones de China y Rusia.
Antecedentes y contexto del hecho
La operación estadounidense en Venezuela —descrita por Trump como parte de una política de supremacía en el Hemisferio Occidental— reabrió el debate sobre el alcance actual de la Doctrina Monroe (1823), históricamente invocada para rechazar la presencia de potencias extrahemisféricas en América. En entrevista con BBC Mundo, McPherson —director del Centro para el Estudio de la Fuerza y la Diplomacia de la Universidad de Temple— sostuvo que el operativo puede leerse de dos maneras: como continuidad de un historial de intervenciones de Washington en América Latina o como un hecho inusual “al menos durante décadas”, por el lugar, el momento y el mensaje político que transmite.
El historiador ubicó un precedente directo en 1989, cuando Estados Unidos invadió Panamá para capturar a Manuel Noriega, acusado de delitos vinculados al narcotráfico y posteriormente juzgado en tribunales estadounidenses. Subrayó, sin embargo, que aquel episodio fue la última intervención militar de ese tipo en la región y que el caso venezolano ocurre en un contexto internacional donde los principios de integridad territorial y soberanía son centrales en la diplomacia latinoamericana.
Declaraciones y posturas de actores relevantes
McPherson afirmó que la acción será impopular entre líderes latinoamericanos, especialmente en gobiernos de izquierda democráticos —mencionó a Brasil y Chile como ejemplos—, y señaló que Colombia, por su frontera con Venezuela, observa el episodio con preocupación ante la posibilidad de convertirse en un siguiente objetivo de presión.
En su análisis, también anticipó una región dividida: algunos líderes podrían respaldar la iniciativa por afinidad política o por cálculo estratégico, mientras otros la interpretarían como un precedente de intervención directa. McPherson planteó que una parte de la población venezolana podría recibir inicialmente la salida de Maduro como un cambio favorable, pero advirtió una dinámica recurrente en ocupaciones militares: apoyo temprano seguido de rechazo cuando la población percibe que la prioridad es resguardar intereses estadounidenses más que reconstruir instituciones locales.
Datos, referencias y elementos verificables del relato
Según McPherson, la magnitud del desafío dependerá de si Estados Unidos se limita a remover al líder o si pretende administrar el país. En ese segundo escenario, afirmó que el costo sería alto en recursos, tropas y financiamiento, y que terminaría recayendo en contribuyentes estadounidenses.
El historiador contrastó el caso Panamá con Venezuela: describió que Panamá contaba con una tradición electoral más consolidada y estructuras partidarias que facilitaron una transición política interna, mientras que Venezuela, tras más de dos décadas de deterioro institucional y económico, enfrentaría obstáculos mayores para recomponer el Estado, combatir la corrupción y restablecer condiciones de competencia política.
McPherson destacó además un punto central del discurso oficial tras el operativo: indicó que, en las declaraciones posteriores, la referencia a “democracia” o “elecciones” fue marginal frente a la insistencia de Trump en proteger y reorganizar el control sobre el petróleo venezolano y en favorecer a compañías petroleras estadounidenses.
Implicancias políticas, sociales y económicas
En el plano regional, el enfoque descrito por McPherson introduce un elemento de presión estructural: la posibilidad de que acusaciones criminales o argumentos de seguridad nacional se utilicen como palanca para condicionar a gobiernos latinoamericanos. Desde su perspectiva, esto impacta el principio de soberanía que muchos países de la región consideran eje de su política exterior.
En el plano económico, el énfasis en activos estratégicos —especialmente hidrocarburos— sugiere una agenda donde los recursos pasan a ser un componente explícito de la proyección de poder. McPherson señaló que reconstruir la industria petrolera venezolana requeriría inversiones de gran escala y que, sin un marco institucional claro, la estabilidad sería frágil.
Escenarios de proyección y consecuencias posibles
McPherson vinculó el episodio a la competencia global en la región, particularmente con China. Señaló que Pekín ha ampliado su presencia en infraestructura latinoamericana —puertos, ferrocarriles, carreteras— y que la nueva estrategia descrita por Trump buscaría impedir que “competidores no hemisféricos” controlen activos considerados vitales. En ese marco, el historiador consideró posible una negociación tácita de esferas de influencia: que China reduzca su exposición en puntos estratégicos en América Latina a cambio de que Estados Unidos tolere mayor control chino en su área de interés en Asia, con implicancias para el equilibrio sobre Taiwán y rutas comerciales.
Respecto a Rusia, McPherson sugirió que Moscú leería el mensaje como un endurecimiento de la lógica de bloques: “ustedes se quedan con su vecindario, nosotros con el nuestro”, una dinámica que podría repercutir en escenarios como Europa del Este.
Sobre posibles acciones futuras de Washington en México o Colombia, el historiador describió esa retórica como una forma de presión política —una “bravata”, en sus términos—, aunque sostuvo que, tras lo ocurrido, no puede descartarse completamente. Añadió que agencias y burocracias de seguridad estadounidenses tenderían a frenar un escenario de derrocamiento y administración directa por su costo operativo y político.
Panorama
La lectura de Alan McPherson plantea que la invocación de la Doctrina Monroe por parte de Trump, tras la operación en Venezuela, no solo reabre el debate histórico sobre intervenciones en América Latina, sino que instala un mensaje de dominio regional con efectos potenciales en soberanía, alianzas y competencia global. Mientras se clarifica si Washington pretende limitarse a un golpe puntual o avanzar hacia un control más amplio, gobiernos y actores internacionales calibran el alcance real de la nueva doctrina y sus consecuencias en el corto y mediano plazo.
MENU








