Islas Vírgenes y Groenlandia: el acuerdo que Trump preferiría olvidar

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La compra estadounidense de un territorio danés en el Caribe en 1916 incluyó el reconocimiento explícito de la soberanía de Dinamarca sobre Groenlandia, un compromiso histórico que hoy vuelve al centro del debate

Estados Unidos volvió a situar a Groenlandia en el centro del debate geopolítico luego de que el presidente Donald Trump reiterara su interés en que Washington controle la isla ártica por razones de seguridad nacional. La postura revive un episodio histórico poco recordado: la compra de las entonces Indias Danesas Occidentales —hoy Islas Vírgenes de Estados Unidos— a Dinamarca en 1916, un acuerdo que incluyó el reconocimiento explícito del dominio danés sobre Groenlandia.

Antecedentes históricos: cuando Dinamarca sí vendió un territorio

Las actuales Islas Vírgenes de Estados Unidos, ubicadas en el Caribe oriental al este de Puerto Rico, formaron parte durante siglos del imperio colonial danés bajo el nombre de Indias Danesas Occidentales. Saint Thomas, Saint John y Saint Croix fueron utilizadas como centros de plantaciones azucareras sustentadas en mano de obra esclava, actividad que sostuvo económicamente la presencia danesa hasta el siglo XIX.

Con la abolición de la esclavitud y la caída de los precios del azúcar, las islas comenzaron a ser vistas por Copenhague como una carga económica. Al mismo tiempo, Estados Unidos emergía como potencia regional tras su guerra civil, decidido a reforzar su control estratégico del Caribe en línea con la Doctrina Monroe.

El interés estratégico de Washington

Para los estrategas estadounidenses, el puerto natural de Saint Thomas tenía un valor militar y naval clave. En un contexto de competencia con las potencias europeas y expansión de rutas marítimas —acentuada tras la construcción del Canal de Panamá—, Washington consideraba prioritario eliminar cualquier presencia europea residual en el Caribe.

Un primer intento de compra en 1867 fracasó por la negativa del Congreso estadounidense, influido por la polémica adquisición de Alaska. Sin embargo, el estallido de la Primera Guerra Mundial reactivó las negociaciones.

La Primera Guerra Mundial y el acuerdo de 1916

Durante la guerra, Estados Unidos temía que una eventual ocupación alemana de Dinamarca permitiera a Berlín controlar las islas y convertirlas en una base para ataques submarinos. Según la analista Astrid Andersen, del Instituto Danés de Estudios Internacionales, Washington planteó entonces un ultimátum velado: vender o enfrentar una posible ocupación.

En agosto de 1916, ambos países firmaron un tratado mediante el cual Estados Unidos adquirió las islas por 25 millones de dólares en oro (unos 630 millones actuales, según Bloomberg). El acuerdo fue ratificado por referéndum en Dinamarca.

Groenlandia, parte explícita del trato

Un elemento central del tratado fue el compromiso de Estados Unidos de no oponerse a que Dinamarca extendiera sus intereses políticos y económicos sobre toda Groenlandia. Este reconocimiento formal de la soberanía danesa fue una condición clave para cerrar la venta, y permanece vigente en el derecho internacional.

A diferencia de las Islas Vírgenes, la población local nunca fue consultada sobre el traspaso de soberanía, una omisión que historiadores consideran significativa.

Implicaciones actuales: Trump y la tensión transatlántica

Más de un siglo después, el antecedente adquiere relevancia política. El presidente Trump ha reiterado que Estados Unidos “necesita Groenlandia” por razones de seguridad y no ha descartado el uso de la fuerza. En paralelo, anunció aranceles contra países europeos que han respaldado a Dinamarca y reforzado su presencia militar en la isla ártica.

La comparación con 1916 resulta inevitable: entonces, Dinamarca accedió a vender un territorio ultramarino; hoy, rechaza de plano cualquier negociación sobre Groenlandia, considerada estratégica no solo por su ubicación, sino también por sus recursos naturales y su valor geopolítico en el Ártico.

Panorama

La compra de las Islas Vírgenes de Estados Unidos demuestra que la expansión territorial estadounidense sobre dominios daneses no es un fenómeno nuevo. Sin embargo, también evidencia una diferencia clave: el acuerdo de 1916 reconoció explícitamente la soberanía de Dinamarca sobre Groenlandia, un compromiso que hoy condiciona cualquier intento de redefinir el estatus de la isla. A más de cien años de aquel tratado, el precedente histórico sigue marcando los límites legales y diplomáticos de la disputa actual.

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