Dos bancos centrales europeos retiraron reservas de Nueva York durante los últimos catorce meses y en Alemania crece la presión para repatriar otras 1.236 toneladas. La Reserva Federal no ha emitido ningún pronunciamiento público.

Dos bancos centrales europeos han retirado oro de la Reserva Federal de Nueva York durante los últimos catorce meses, mientras un tercero enfrenta una creciente presión política para hacer lo mismo. Pese a ello, la institución estadounidense encargada de custodiar el metal no se ha pronunciado públicamente.
De Nederlandsche Bank (DNB), el banco central de Países Bajos, confirmó el miércoles 2 de septiembre de 2026 el traslado de 86 toneladas de oro —valoradas en aproximadamente 10.000 millones de euros— desde Nueva York y Ottawa hacia el Banco de Inglaterra. La operación se ejecutó entre marzo y agosto y permaneció en reserva hasta su conclusión.
El Banco de Francia había completado en enero la salida de las 129 toneladas que mantenía en Manhattan. En Alemania, desde hace ocho meses aumenta la presión parlamentaria para repatriar las 1.236 toneladas depositadas en Nueva York.
En ninguno de estos casos hubo una respuesta pública de la Reserva Federal ni del Gobierno de Estados Unidos.
Lo que la Reserva Federal no ha explicado
La Reserva Federal de Nueva York no emitió ningún comunicado sobre el traslado neerlandés ni sobre la operación francesa. Tampoco respondió a consultas de la prensa internacional: BBC Mundo informó que contactó con la institución en marzo, pero no obtuvo respuesta.
El organismo tampoco publica la distribución de las reservas bajo su custodia por países. Por ello, la magnitud exacta del oro europeo depositado en Manhattan solo puede reconstruirse a partir de la información proporcionada por cada banco central.
La información oficial disponible se limita a lo que la propia institución señala en su página web: ninguna parte del metal le pertenece y su función consiste únicamente en custodiar reservas del Gobierno estadounidense, gobiernos extranjeros, bancos centrales y organismos internacionales. La entidad no admite depósitos de particulares ni empresas privadas y tampoco cobra por el servicio.
La Reserva Federal indica, además, que los depósitos alcanzaron su máximo histórico en 1973, poco después de que Estados Unidos suspendiera la convertibilidad del dólar en oro para los gobiernos extranjeros. En aquel momento, la bóveda almacenaba más de 12.000 toneladas. Desde entonces, el volumen ha disminuido de manera sostenida, aunque la institución no precisa cuánto ni identifica a los titulares de las reservas retiradas.
Las cifras más citadas proceden de estimaciones indirectas. Las 6.331 toneladas atribuidas a la bóveda en 2024 corresponden al inventario total, incluido el oro del Tesoro estadounidense. Fuentes especializadas calculan que más de 5.800 toneladas pertenecen a 36 bancos centrales, gobiernos y organismos internacionales.
Ninguna de estas estimaciones permite determinar cuánto oro extranjero salió de Nueva York durante el último año.
Países Bajos: negociabilidad y “resiliencia”
El caso neerlandés es el más reciente y también el más explícito en cuanto a sus motivaciones.
DNB atribuyó su decisión a la “creciente inestabilidad geopolítica” y a la necesidad de disponer de reservas que puedan negociarse con mayor rapidez. La operación se realizó mediante dos mecanismos.
Aproximadamente 27 toneladas fueron trasladadas físicamente desde Nueva York y Ottawa hasta la instalación del banco en Zeist, en Países Bajos, y posteriormente enviadas a Londres. Las 59 toneladas restantes se reubicaron mediante la venta de oro en Nueva York y la compra de una cantidad y calidad equivalentes en el mercado londinense, según cálculos difundidos por medios financieros.
Antes del traslado, DNB mantenía el 31,3% de sus reservas en Nueva York y el 19,7% en Ottawa. Ahora, ambas plazas concentran en conjunto el 18,5%, mientras la proporción depositada en Londres aumentó del 18,1% al 32,1%.
Las reservas neerlandesas alcanzaban las 612,4 toneladas al cierre de 2025.
“Con este traslado hemos mejorado la negociabilidad de nuestras reservas de oro. Esperamos no tener que utilizarlas nunca, pero sí necesitamos fortalecer nuestra resiliencia y preparación”, declaró el presidente de DNB, Olaf Sleijpen.
La entidad explicó que el oro custodiado por el Banco de Inglaterra “se considera el oro más fácilmente negociable del mundo”, mientras que el ubicado en Nueva York y Ottawa resulta “menos directamente utilizable”.
DNB aclaró que la operación no responde a dudas sobre la seguridad de las bóvedas extranjeras. La Reserva Federal tampoco comentó esa explicación.
Francia trasladó todo su oro a París
El precedente francés involucró un volumen mayor, pero generó menos exposición pública.
Entre julio de 2025 y enero de 2026, el Banco de Francia vendió en Nueva York las 129 toneladas que conservaba en la Reserva Federal —cerca del 5% de sus reservas— y compró en Europa un volumen equivalente de lingotes ajustados a los estándares internacionales.
La operación evitó transportar físicamente las barras a través del Atlántico.
Actualmente, la totalidad de las reservas francesas, unas 2.437 toneladas, se encuentra en La Souterraine, la bóveda situada bajo la sede del Banco de Francia en París.
La institución presentó la medida como una actualización técnica. Explicó que algunos de los lingotes depositados en Nueva York desde finales de la década de 1920 ya no cumplían las especificaciones internacionales vigentes de peso y pureza.
El gobernador François Villeroy de Galhau sostuvo que la decisión de conservar los nuevos lingotes en París no obedecía a motivaciones políticas.
En un contexto de elevados precios del oro, la operación generó una plusvalía calculada en aproximadamente 12.000 millones de euros —unos US$15.000 millones— y contribuyó a que el banco central francés volviera a registrar beneficios netos en 2025.
Alemania: 1.236 toneladas bajo debate
El tercer caso permanece abierto.
Alemania es el segundo mayor tenedor de oro del mundo, con alrededor de 3.355 toneladas, según registros del World Gold Council y el Fondo Monetario Internacional. De ese total, el Bundesbank mantiene 1.236 toneladas en Nueva York, equivalentes a cerca del 37% de sus reservas.
Ese volumen es el remanente del programa mediante el cual Alemania repatrió 674 toneladas desde Nueva York y París hacia Fráncfort entre 2013 y 2017.
Aunque distintos sectores políticos han pedido revisar la estrategia de almacenamiento, el Bundesbank no ha anunciado un nuevo programa de repatriación.
El silencio lo llenan las autoridades europeas
Ante la ausencia de un pronunciamiento estadounidense, las garantías sobre la seguridad de las reservas han procedido del propio Bundesbank.
Su presidente, Joachim Nagel, rechazó públicamente las preocupaciones en dos oportunidades.
“No hay motivo para la preocupación”, declaró en octubre de 2025 durante una reunión del Fondo Monetario Internacional en Washington, según BBC Mundo.
En febrero de 2026 volvió a referirse al tema durante una rueda de prensa: “No me quita el sueño. Tengo completa confianza en nuestros colegas del banco central de Estados Unidos”.
La posición oficial de Berlín sostiene que la custodia estadounidense continúa siendo segura.
Barry Eichengreen, especialista en el sistema monetario internacional de la Universidad de California en Berkeley, considera que el problema reside precisamente en que las explicaciones provienen de los depositantes y no del custodio.
“No he escuchado ninguna palabra tranquilizadora y creo que sería oportuna”, declaró a BBC Mundo.
El académico recuerda que Estados Unidos ha custodiado gratuitamente reservas extranjeras desde la posguerra, en una relación vinculada con el papel internacional del dólar y con el paraguas de seguridad proporcionado por la OTAN. A su juicio, la pérdida de confianza de los aliados sobre la seguridad de sus depósitos puede erosionar la buena voluntad hacia Washington.
El origen de la concentración de reservas europeas en Nueva York se remonta a Bretton Woods. El sistema acordado en 1944 estableció la paridad del dólar con el oro y convirtió a ambos activos en pilares de las economías europeas durante la reconstrucción de la posguerra.
Richard Nixon puso fin a la convertibilidad del dólar en 1971, pero la práctica de mantener oro en Nueva York sobrevivió al sistema que la originó.
Costos y riesgos de una repatriación
No todas las voces europeas respaldan el retiro de las reservas.
Clemens Fuest, presidente del Instituto IFO para la Investigación Económica de Alemania, declaró a The Guardian que repatriar el oro “solo añadiría gasolina al fuego de la situación actual”.
Otros especialistas destacan los elevados costos logísticos, de seguridad y de seguros asociados con el traslado físico de cargamentos de semejante valor. Estas dificultades explican el mecanismo de venta y recompra utilizado por Francia y parcialmente por Países Bajos.
Las exigencias políticas, sin embargo, han sido directas.
En enero de 2026, el economista Emanuel Mönch, antiguo investigador principal del Bundesbank, sostuvo que, “dada la actual situación geopolítica, parece arriesgado guardar tanto oro en Estados Unidos”. Añadió que su recuperación otorgaría a Alemania una mayor independencia estratégica.
Michael Jäger, presidente de la Asociación Alemana de Contribuyentes, fue todavía más contundente: “Trump es impredecible y es capaz de todo para generar ingresos. Por eso nuestro oro ya no está a salvo en la bóveda de la Fed”.
Diputados de la Unión Demócrata Cristiana (CDU), el partido del canciller Friedrich Merz, y representantes de otras fuerzas políticas han pedido revisar la política de almacenamiento.
Ninguno de estos planteamientos ha recibido una respuesta oficial desde Washington.
Un silencio interpretado en clave política
La falta de pronunciamiento coincide con uno de los periodos de mayor tensión institucional en la historia reciente de la Reserva Federal.
En enero de 2026, la Fiscalía Federal del Distrito de Columbia abrió una investigación penal contra el entonces presidente de la institución, Jerome Powell, por su testimonio ante el Congreso acerca del costo y el alcance de la remodelación de la sede en Washington.
Powell sostuvo que la investigación era un pretexto para debilitar la independencia del banco central y no fue imputado. La fiscal Jeanine Pirro cerró el caso el 24 de abril y lo derivó al inspector general de la institución, aunque dejó abierta la posibilidad de retomarlo.
El cierre del expediente despejó el camino para la confirmación de su sucesor.
Kevin Warsh, nominado por el presidente Donald Trump, fue confirmado por el Senado el 13 de mayo de 2026 por 54 votos contra 45. Asumió el cargo el 22 de mayo como decimoséptimo presidente de la Reserva Federal, para un mandato que concluirá el 21 de mayo de 2030.
Powell permanece como integrante del Consejo de Gobernadores. En paralelo, continúa el litigio por el intento del Ejecutivo de destituir a la gobernadora Lisa Cook, caso que llegó al Tribunal Supremo.
Ni Powell ni Warsh se han pronunciado públicamente sobre la custodia del oro extranjero.
Tensiones comerciales y geopolíticas
El escenario coincide también con una creciente fricción comercial entre Estados Unidos y Canadá, la segunda plaza de la que DNB retiró reservas.
Canadá se ha visto afectado por los aranceles estadounidenses aplicados al acero, aluminio, madera y automóviles. En agosto, Washington anunció además un gravamen adicional del 50% sobre bienes canadienses valorizados en aproximadamente 28.000 millones de dólares canadienses, equivalentes a cerca de US$20.000 millones.
La guerra entre Estados Unidos e Irán ha añadido volatilidad al comercio internacional y a los mercados de materias primas.
Los analistas de Goldman Sachs Lina Thomas y Daan Struyven señalaron en una nota reciente que “la ubicación de las tenencias de oro de los bancos centrales parece cada vez más presente” en las decisiones de los administradores de reservas.
El comportamiento de las instituciones monetarias apunta en esa dirección. Aunque la cotización del oro retrocedió cerca del 16% durante el segundo trimestre de 2026 —su peor resultado para ese periodo en más de una década— y se situó alrededor de US$4.076 por onza el 24 de julio, los bancos centrales habían adquirido 244 toneladas netas durante el primer trimestre.
Qué podría romper el silencio
Ni el Bundesbank ni el Banco de Italia —tercer mayor tenedor mundial, con aproximadamente 2.452 toneladas— han anunciado programas formales de repatriación.
Por ahora, no existe una decisión pendiente que obligue a la Reserva Federal a pronunciarse públicamente.
Los próximos puntos de referencia serán los informes anuales de los bancos centrales involucrados, que detallan la distribución geográfica de sus reservas, y las futuras comparecencias de Joachim Nagel ante el Bundestag, donde el tema ya ha sido planteado.
Otros países de Europa central y oriental, entre ellos Hungría y Polonia, han reforzado durante los últimos años las reservas almacenadas dentro de sus propios territorios sin provocar una reacción pública de Washington.
Mientras Europa revisa dónde y cómo conserva su oro, la Reserva Federal mantiene la misma posición que ha sostenido hasta ahora: ninguna explicación pública sobre las salidas y ninguna respuesta a las dudas políticas que comienzan a rodear su histórica función de custodio.







