Mario Vizcarra: campaña propia bajo la sombra de Martín Vizcarra

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Tras el fallo del JNE, el postulante presidencial admite que su crecimiento electoral proviene del endose de su hermano, jefe de campaña desde el penal.

Mario Vizcarra, candidato presidencial de Perú Primero, reanudó su campaña luego de que el Jurado Nacional de Elecciones (JNE) habilitara su postulación, en una coyuntura marcada por la hospitalización de su hermano Martín Vizcarra —recluido en Barbadillo— y por cuestionamientos sobre su propio sustento político, incluyendo su admisión de que recibió un “endose” electoral y el debate por una sentencia relacionada con una doble remuneración durante su paso por el CTAR Moquegua.

Antecedentes y contexto del hecho

La habilitación de Mario Vizcarra por el JNE reconfigura una campaña que, según el propio candidato, será “breve e intensa” y que se desarrolla bajo un doble foco: la agenda electoral del partido y el seguimiento a la situación legal y médica del exmandatario Martín Vizcarra, figura central para Perú Primero y —según el entrevistado— jefe de campaña.

En la entrevista, Mario Vizcarra describe una semana “agridulce”: confirma que continúa en carrera, pero relata que su hermano atraviesa un cuadro renal severo que lo llevó a una intervención quirúrgica. Afirma que el episodio se originó a inicios de enero, cuando Martín Vizcarra estaba en Barbadillo, y sostiene que no recibió atención oportuna por parte de personal médico del INPE y del Minsa, lo que habría contribuido a la agravación del caso.

Declaraciones y posturas de los actores relevantes

Sobre la salud del exmandatario, Mario Vizcarra indica que su hermano fue operado del riñón derecho y que el riñón izquierdo estaría “muy comprometido”, con una pérdida de funcionalidad que cifra en “80%”, de acuerdo con su relato. También admite que suspendió parte de su agenda por la emergencia, pero sostiene que, una vez superado el momento crítico, retomará la actividad proselitista.

El candidato enfrenta, además, una tensión política explícita: reconoce que su respaldo inicial está vinculado a la figura de Martín Vizcarra. “He recibido el endose de mi hermano, pero ese endose no va a ser eterno”, afirma, y agrega que debe construir un “discurso propio” conectado con las bases partidarias.

En el mismo diálogo, confirma que Martín Vizcarra es el jefe de campaña y sostiene que puede cumplir ese rol pese a estar recluido, bajo un esquema de “trabajo remoto”. Atribuye esa viabilidad a que el trabajo estratégico no exige presencia física y a que puede coordinar mediante los mecanismos permitidos y “a través de personas”.

Datos, documentos y elementos verificables mencionados en la nota

La entrevista introduce cifras y elementos de medición política a partir de una referencia del entrevistador: se menciona que Ipsos lo incorporó desde agosto del año previo y que habría pasado de 7% a 5% y luego a 3% de intención de voto, aunque Mario Vizcarra contrapone su propia lectura y afirma que los cambios recientes —incluida la salida temporal de la contienda— podrían reflejarse en mediciones posteriores. A la vez, sostiene que el partido maneja sondeos internos en los que Martín Vizcarra registraría 25%.

En paralelo, se aborda un flanco legal que impacta su postulación: el entrevistador le plantea que, tras la habilitación del JNE, se conoció una sentencia por haber cobrado “doble remuneración” en el CTAR Moquegua. Mario Vizcarra responde que recibió una remuneración en planilla y un pago adicional en dólares en el marco de un convenio del Estado con el PNUD para compensar restricciones salariales; afirma que firmaba los recibos y que formó parte de un grupo amplio de funcionarios en un esquema que, en su versión, no configuraba delito. Señala que no impugnó la sentencia porque estaba abocado al sector privado, confiaba en una eventual absolución y, al no haber pena efectiva de cárcel, asumió una “dejadez” que hoy —dice— reaparece en el escenario público “veinticinco años después”.

Implicaciones políticas y electorales

El cuadro descrito en la entrevista instala tres ejes que condicionan la campaña de Perú Primero:

  1. Dependencia de liderazgo: el propio candidato admite que su punto de partida electoral proviene del “endose” de un líder partidario hoy privado de libertad y con complicaciones médicas. La disputa, por tanto, no solo es por votos, sino por la transferencia de un capital político en un tiempo acotado.
  2. Gobernanza de campaña desde prisión: la confirmación de Martín Vizcarra como jefe de campaña —y la defensa del “trabajo remoto”— abre un debate inevitable sobre cómo se toman decisiones estratégicas en un partido cuyo principal dirigente está recluido.
  3. Flancos de escrutinio público: la mención de una sentencia previa y su explicación sobre remuneraciones en el Estado anticipan una campaña atravesada por preguntas sobre idoneidad, antecedentes y narrativas de legalidad en torno a hechos antiguos que resurgen por la candidatura.

Próximas acciones y posibles escenarios

A corto plazo, el candidato afirma que retomará viajes y actividades proselitistas luego del periodo crítico de salud de su hermano. También sostiene que el partido continuará coordinando su estrategia, con Martín Vizcarra en el rol de jefe de campaña, en la medida en que la normativa lo permita.

En el frente político, el escenario inmediato dependerá de dos factores: la capacidad de Mario Vizcarra de sostener visibilidad propia —sin negar el “endose”, pero sin quedar eclipsado por él— y el grado de intensidad del control público sobre su historial y el funcionamiento interno de Perú Primero.

Panorama

Con la habilitación del JNE, Mario Vizcarra entra a una fase decisiva en la que su candidatura queda atada a una doble prueba: consolidar un perfil propio mientras su partido mantiene como jefe de campaña a Martín Vizcarra —recluido y con un cuadro médico delicado— y, al mismo tiempo, responder a cuestionamientos por antecedentes que, según su versión, fueron administrativos y hoy vuelven al centro del debate electoral.

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