La líder opositora venezolana entregó su medalla del Nobel de la Paz al presidente estadounidense, un acto simbólico que generó respaldo político y fuertes críticas en Noruega.

La líder opositora venezolana María Corina Machado entregó la medalla del Premio Nobel de la Paz al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, durante una reunión privada en la Casa Blanca el 15 de enero de 2026. El gesto, de alto contenido simbólico, reavivó el debate jurídico y ético sobre los límites del uso personal de un galardón que no puede transferirse, pero cuyos objetos materiales sí pueden disponerse libremente.
Antecedentes y contexto
El encuentro se desarrolló a puertas cerradas en el Despacho Oval y sin acceso a la prensa. Tras la cita, Machado declaró que “contamos con el presidente Trump para la libertad de Venezuela” y afirmó haber quedado “impresionada” por el conocimiento del mandatario sobre la situación venezolana. Horas después, Trump confirmó en su red Truth Social haber recibido la medalla, mientras la Casa Blanca difundía imágenes del momento.
Machado explicó que el obsequio pretendía establecer un paralelismo histórico con el intercambio de medallas entre líderes del siglo XIX, subrayando un “poder simbólico excepcional” dos siglos después.
Lo que establece el Comité del Nobel
El Instituto Noruego de los Nobel aclaró que, una vez anunciado, el premio “no puede ser revocado, compartido ni transferido”. La decisión, precisó, es definitiva. No obstante, los estatutos de la Fundación Nobel no restringen lo que un galardonado puede hacer con los objetos físicos del premio —medalla, diploma o dinero—, que pueden conservarse, donarse o venderse.
El organismo añadió que no evalúa las acciones políticas de los premiados tras la concesión ni emite comentarios cotidianos sobre su actuación pública. Hasta el momento, no ha realizado pronunciamientos específicos sobre el gesto de Machado.
Reacciones en Noruega
El acto generó una rápida respuesta crítica en el ámbito político y académico noruego. La profesora Janne Haaland Matlary, de la Universidad de Oslo, calificó el hecho como “inaudito” y una “falta de respeto” al premio. Raymond Johansen, dirigente de la ONG Ayuda Popular Noruega, lo consideró “perjudicial” para la reputación del galardón.
Desde el Parlamento, Kirsti Bergstø, líder de la Izquierda Socialista, afirmó que “el premio de la paz no se puede regalar”, mientras que Trygve Slagsvold Vedum, del Partido de Centro, sostuvo que la aceptación de la medalla “dice mucho” sobre el receptor. Las declaraciones reflejan una preocupación compartida por el uso simbólico del Nobel en disputas políticas contemporáneas.
Precedentes relevantes
Aunque el Nobel no puede transferirse formalmente, existen antecedentes de disposición de sus objetos. En 1973, el diplomático vietnamita Lê Đức Thọ rechazó el Nobel de la Paz otorgado junto a Henry Kissinger. En 2014 y 2015, científicos como James Watson y Leon Lederman subastaron sus medallas por motivos personales. En 2022, el periodista ruso Dmitry Muratov vendió su Nobel de la Paz para financiar ayuda humanitaria a niños refugiados de Ucrania.
En el ámbito literario, Ernest Hemingway donó su medalla y diploma al pueblo de Cuba en la década de 1950, un acto de carácter cultural que no implicó transferencia del reconocimiento.
Implicaciones y escenarios
El episodio plantea interrogantes sobre el uso simbólico de premios internacionales en la diplomacia informal y la comunicación política. Si bien el marco legal es claro respecto a la titularidad del galardón, el debate público se centra en la conveniencia ética y el impacto reputacional para instituciones que buscan mantenerse al margen de coyunturas partidarias.
En el corto plazo, no se prevén acciones del Comité del Nobel. A mediano plazo, el caso podría reactivar discusiones internas sobre lineamientos comunicacionales frente a gestos de alto impacto simbólico por parte de galardonados.
Panorama
El “regalo” de la medalla por parte de María Corina Machado a Donald Trump no altera la titularidad del Premio Nobel de la Paz, pero sí expone las tensiones entre legalidad, simbolismo y política. Mientras el Instituto del Nobel mantiene su postura de no intervención, el debate internacional continúa sobre los límites del uso público de uno de los reconocimientos más prestigiosos del mundo.
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