La Casa Blanca añade un argumento patrimonial a su ofensiva contra Caracas. Historiadores y especialistas recuerdan que EE.UU. tuvo concesiones, no propiedad del crudo.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmó que Venezuela debe “devolver” a su país petróleo y otros activos supuestamente robados, al anunciar un endurecimiento de las restricciones contra el sector energético venezolano. La declaración reactivó el debate sobre el origen de la industria petrolera en Venezuela, las nacionalizaciones del siglo XX y los límites legales de las expropiaciones, un terreno en el que especialistas coinciden en que no existe sustento para la tesis planteada por la Casa Blanca.
Antecedentes: una nueva narrativa en la presión contra Caracas
Las declaraciones de Trump se produjeron en el marco de una escalada retórica y operativa contra el gobierno de Nicolás Maduro, a quien Washington acusa de liderar redes criminales y de utilizar los ingresos petroleros para actividades ilícitas, acusaciones que Caracas rechaza.
El nuevo argumento —la existencia de un “petróleo robado” a Estados Unidos— fue reforzado por Stephen Miller, asesor de Seguridad Nacional, quien sostuvo que el esfuerzo estadounidense habría creado la industria petrolera venezolana y que su posterior expropiación constituyó un despojo de activos estadounidenses.
El origen de la industria petrolera venezolana
Venezuela comenzó la explotación petrolera a gran escala en la década de 1920, durante el gobierno de Juan Vicente Gómez. El desarrollo inicial se concentró en la cuenca del Lago de Maracaibo y atrajo a compañías extranjeras mediante un sistema de concesiones.
En ese proceso, empresas de Estados Unidos desplazaron progresivamente a firmas británicas y holandesas. Entre los actores más relevantes estuvo la Standard Oil Company, vinculada a John D. Rockefeller, a través de su filial local Creole Petroleum Company.
Según el historiador Miguel Tinker Salas, el Estado venezolano otorgó concesiones que permitían a las empresas extraer y comercializar crudo a cambio de regalías. “Las compañías nunca fueron dueñas del petróleo; operaban bajo contratos de explotación”, explicó.
Renegociación y mayor control estatal
Un punto de inflexión se produjo en 1943, bajo la presidencia de Isaías Medina Angarita, cuando una nueva Ley de Hidrocarburos elevó las regalías y estableció una participación estatal del 50% en las ganancias. La reforma fue producto de negociaciones y no generó conflictos con Washington, en un contexto marcado por la Segunda Guerra Mundial.
Décadas después, en 1975, el presidente Carlos Andrés Pérez decretó la nacionalización del sector y creó Petróleos de Venezuela. Las compañías extranjeras fueron compensadas por los años restantes de concesión y mantuvieron vínculos comerciales con la nueva empresa estatal.
Las expropiaciones bajo Hugo Chávez
El escenario cambió a partir de 1999 con la llegada al poder de Hugo Chávez, quien impulsó una “renacionalización” del petróleo. Entre 2001 y 2007, el Estado aumentó su participación en los proyectos, elevó las regalías y expropió activos de empresas que no aceptaron las nuevas condiciones.
Las estadounidenses ExxonMobil y ConocoPhillips abandonaron el país y recurrieron al arbitraje internacional. El Ciadi reconoció compensaciones millonarias, aunque inferiores a las reclamadas inicialmente, y varios laudos permanecen impagos.
Para Francisco Monaldi, estas expropiaciones “estuvieron mal ejecutadas y generaron litigios costosos”, pero ello no implica que el petróleo venezolano haya sido propiedad estadounidense. “Las empresas tenían derechos contractuales, no soberanía sobre el recurso”, señaló.
¿Existe una deuda petrolera con Estados Unidos?
Venezuela cayó en default en 2017 y acumula una deuda externa estimada en más de US$150.000 millones, que incluye bonos soberanos, obligaciones de PDVSA y créditos con países como China y Rusia. Parte de esa deuda corresponde a indemnizaciones arbitrales aún pendientes, pero no a una supuesta restitución de petróleo.
Los especialistas consultados coinciden en que no existe base legal ni histórica para afirmar que Venezuela “robó” petróleo a Estados Unidos. “Nunca hubo transferencia de propiedad del recurso; hubo concesiones y, más tarde, expropiaciones sujetas a compensación”, resumió Tinker Salas.
Implicancias políticas y escenarios
La utilización de este argumento amplía el marco discursivo con el que la Casa Blanca justifica sanciones y medidas de presión contra Caracas. Sin embargo, al no estar respaldado por precedentes jurídicos, el planteamiento refuerza la percepción de una estrategia política más que de un reclamo patrimonial.
En el corto plazo, analistas prevén que la retórica complique eventuales negociaciones sobre alivio de sanciones y aumente la incertidumbre para los acreedores y socios energéticos de Venezuela, incluida la estadounidense Chevron, que aún mantiene operaciones limitadas en el país.
Panorama
Las afirmaciones de Donald Trump sobre un “petróleo robado” por Venezuela no encuentran sustento en la historia ni en el derecho internacional. Aunque las expropiaciones del período chavista generaron disputas y deudas pendientes, los expertos coinciden en que el crudo venezolano nunca fue propiedad de Estados Unidos, sino un recurso explotado bajo contratos que, con el tiempo, fueron modificados o extinguidos por decisiones soberanas del Estado venezolano.
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