El lugar donde creces moldea tu personalidad tanto como tus genes, según la psicología intercultural

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Estudios con gemelos y comparaciones entre países sugieren que cultura, normas sociales y entorno explican una parte sustancial de cómo pensamos, obedecemos, nos relacionamos y nos definimos.

Investigaciones citadas analizan cómo el entorno cultural y social influye en la personalidad (quién: científicos y psicólogos interculturales; qué: impacto del lugar de crianza en rasgos y conductas; cuándo: evidencia reciente y revisiones de décadas; dónde: comparaciones entre países y grupos migrantes; por qué: el ADN no explica por completo las diferencias individuales; cómo: estudios con gemelos, pruebas de personalidad, experimentos cognitivos y hallazgos en neurociencia), concluyendo que la personalidad resulta de una combinación entre herencia y experiencias acumuladas en contextos específicos.

Antecedentes y contexto del hecho

La pregunta “¿sería la misma persona si hubiera crecido en otro país?” ha sido debatida durante siglos en filosofía y ciencias sociales. En años recientes, la psicología intercultural y la genética psiquiátrica han dado un marco empírico más sólido para observar el fenómeno: no solo cambian costumbres o valores, sino también formas de interpretar la autoridad, la identidad, la extroversión o el sentido del yo.

El punto de partida es el viejo eje “naturaleza vs. crianza”. La evidencia actual tiende a reemplazarlo por una tesis menos polarizada: la personalidad se explica por interacción entre genética, experiencias y cultura. Es decir, los genes predisponen, pero el entorno activa, refuerza o limita cómo se expresan esos rasgos.

Declaraciones y posturas de actores relevantes

En el artículo se recogen posturas de especialistas que trabajan en el cruce entre genética, cultura y conducta:

  • Ziada Ayorech, genetista psiquiátrica (Universidad de Oslo), sostiene que es difícil imaginar que vivir en distintos países no cambie la perspectiva personal; además, plantea que las personas tienden a buscar entornos más compatibles con sus rasgos.
  • Ching-Yu Huang, psicóloga intercultural (Universidad Nacional de Taiwán), enfatiza que la cultura es “crucial” en el desarrollo de la persona y que, incluso con el mismo ADN, el cerebro se configuraría de manera distinta si la crianza ocurriera en otro contexto cultural.
  • Vivian Vignoles, psicóloga intercultural (Universidad de Sussex), advierte que suele sobreestimarse el componente genético: los genes necesitan un entorno para “aflorar” en conductas y rasgos observables.

Estas posturas convergen en una idea: el “yo” no es solo biología ni solo aprendizaje; es una construcción que se consolida con el tiempo en un marco social específico.

Estadísticas, documentos y datos oficiales (o datos de investigación)

El texto sintetiza varios hallazgos cuantitativos y líneas de evidencia:

  • Una gran revisión de estudios con gemelos (mencionada en el artículo) concluye que, en promedio, la genética explicaría alrededor de la mitad de las diferencias en múltiples rasgos, lo que deja un espacio considerable a factores ambientales.
  • También se reportan estimaciones aproximadas: rasgos de personalidad con una heredabilidad en torno al 40%, y un coeficiente intelectual con promedio de heredabilidad superior al 50% (con variaciones por edad).
  • Un estudio comparativo (mencionado en el artículo) sobre 22 países sugiere asociaciones entre ciertos perfiles culturales y puntajes más altos en responsabilidad/organización o apertura/afinidad, dependiendo de si la cultura enfatiza autodisciplina o valores más igualitarios e individualistas.

La nota periodística también subraya límites metodológicos: muchos trabajos dependen de autoinformes; separar “cultura” de economía, educación o contexto político es difícil; y la dicotomía “Occidente vs. Oriente” puede resultar simplista.

Implicaciones políticas, sociales y culturales

Los hallazgos tienen implicancias directas en cómo se entienden:

  1. La identidad y el “yo”: En culturas más individualistas, las personas tienden a definirse por rasgos (“soy creativo, soy amable”); en otras más colectivistas, por roles (“soy madre/padre, soy estudiante”), lo que cambia el modo de narrarse y tomar decisiones.
  2. La autoridad y la obediencia: Comparaciones entre niños de distintos entornos sugieren que el respeto a la autoridad puede expresarse de forma distinta según normas familiares y culturales.
  3. La convivencia y la salud mental: Si una sociedad premia o sanciona ciertas expresiones (por ejemplo, extroversión), puede empujar a las personas a modular sus conductas para adaptarse, sin que eso implique “cambiar por completo” quiénes son.
  4. Educación y crianza: La evidencia refuerza que políticas educativas, seguridad barrial, acceso a redes sociales sanas y estabilidad familiar no solo afectan oportunidades, sino también estilos de relación, autocontrol y expectativas.

Próximas acciones, posibles escenarios o consecuencias

El campo abre líneas de investigación y debate:

  • Mejor medición: avanzar hacia pruebas menos dependientes del autoinforme y más comparables entre culturas.
  • Más diversidad de muestras: ampliar estudios fuera de Europa y EE.UU. para reducir sesgos de investigación.
  • Explicar “mecanismos”: precisar cómo factores concretos (normas, escolaridad, urbanidad, desigualdad, redes familiares) impactan en circuitos de aprendizaje, hábitos y decisiones.
  • Debate filosófico: el artículo recoge que, para algunos filósofos, la identidad podría residir en continuidad biológica, mientras otros enfatizan el constructivismo social; la tensión no desaparece, pero la evidencia empírica ayuda a acotar el debate.

Panorama

La evidencia presentada en BBC Future apunta a que el lugar donde se crece influye de manera significativa en la personalidad, aunque no la determina por completo. La genética aporta predisposiciones, pero la cultura y el entorno social moldean cómo se expresan rasgos, valores y conductas. En conjunto, los estudios sugieren que cambiar de contexto —o crecer en otro— probablemente produciría una versión distinta de la misma persona, sin que eso signifique un “borrón y cuenta nueva” de la identidad.

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