Por este corredor transitaba cerca del 12% del petróleo transportado por vía marítima, según la EIA. Su posible cierre amenaza con elevar los fletes, prolongar las rutas comerciales y añadir presión a un Brent que ya supera los 100 dólares por barril.

El control de facto que los rebeldes hutíes ejercen desde el 11 de septiembre de 2026 sobre el estrecho de Bab el Mandeb lleva las consecuencias de la guerra de Yemen hasta el corazón del comercio marítimo mundial.
Este corredor de apenas 28 kilómetros de ancho conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y funciona como puerta de entrada al canal de Suez, la ruta más directa entre Asia y Europa. Cualquier interrupción obligaría a miles de embarcaciones a rodear África por el cabo de Buena Esperanza, lo que supondría más días de navegación, mayores costos de transporte y un posible encarecimiento de combustibles, alimentos y productos importados.
El grupo respaldado por Irán completó la captura del litoral yemení del mar Rojo y de las islas de Perim —también conocida como Mayun—, Hanish Mayor y Hanish Menor después de una ofensiva iniciada el 3 de septiembre en las provincias de Taiz y Hodeida, según responsables militares del gobierno reconocido internacionalmente citados por AFP.
La conquista ocurre en un momento especialmente delicado. El estrecho de Ormuz permanece bloqueado por la guerra entre Estados Unidos e Irán, mientras Arabia Saudita mantiene cerrado por precaución su oleoducto Este-Oeste. Bab el Mandeb queda así convertido en uno de los últimos corredores energéticos disponibles de la región, en un mercado en el que el petróleo Brent ya supera los 100 dólares por barril.
Un corredor decisivo para el petróleo y las mercancías
Antes de la crisis actual, cerca del 12% del petróleo transportado por vía marítima atravesaba Bab el Mandeb, de acuerdo con estimaciones de la Administración de Información Energética de Estados Unidos (EIA) citadas por El Tiempo.
El estrecho conecta el océano Índico con el mar Rojo y, a través del canal de Suez, con el Mediterráneo. Su ubicación permite reducir considerablemente el recorrido de los barcos que transportan petróleo, gas, productos manufacturados y materias primas entre Asia, Oriente Medio y Europa.
La isla de Perim, situada en el centro del estrecho, ocupa una posición estratégica porque permite vigilar los canales por los que circulan las embarcaciones. Un testigo citado por AFP afirmó haber observado a hombres armados desplegados en vehículos militares a lo largo de la costa.
Si los hutíes restringen o interrumpen el tránsito, las navieras tendrían que desviar sus barcos hacia el cabo de Buena Esperanza. Esa alternativa añadiría varios días a cada viaje, elevaría el consumo de combustible y reduciría la disponibilidad de embarcaciones, con un impacto directo sobre los fletes y las cadenas internacionales de suministro.
El efecto no se limitaría al petróleo. El aumento de los costos logísticos podría trasladarse progresivamente al precio de productos industriales, alimentos e insumos importados. Los analistas citados por los medios internacionales advierten que cualquier deterioro adicional de la seguridad en la zona podría impulsar nuevas alzas del crudo.
Cómo los hutíes llegaron al estrecho
La ofensiva comenzó el 3 de septiembre en zonas de Taiz y Hodeida. Después de capturar el distrito de Hays, los insurgentes consolidaron su dominio sobre la provincia de Al Hudeida y obligaron a las fuerzas gubernamentales a replegarse hacia el sur.
El jueves 10 de septiembre tomaron Moca, histórica ciudad portuaria ubicada aproximadamente 70 kilómetros al norte de Bab el Mandeb. Desde allí avanzaron hacia el estrecho y las islas que permiten controlar su acceso.
Un día después, cuatro fuentes del gobierno yemení confirmaron a France 24 la caída de Perim. Durante la misma jornada, los rebeldes ocuparon Hanish Mayor y Hanish Menor —las últimas islas que permanecían fuera de su dominio— y la localidad costera de Dhubab, según despachos de AFP.
“Todo lo que estaba bajo nuestro control en la costa occidental cayó”, reconoció ante esa agencia un responsable militar del gobierno yemení reconocido internacionalmente.
El sábado 12 de septiembre, la aviación gubernamental atacó en Taiz un convoy hutí que se desplazaba desde Moca hacia Saná, informó EFE. La operación mostró que la disputa por el territorio continúa, aunque el control inmediato del litoral y del estrecho permanece en manos rebeldes.
Los hutíes prometen seguridad, pero amenazan a Arabia Saudita
En un comunicado difundido el viernes, las fuerzas armadas hutíes reivindicaron sus avances en la costa sin mencionar expresamente Perim, Moca ni Bab el Mandeb.
El grupo aseguró que “la navegación marítima es segura para todas las compañías excepto para los buques saudíes”, a los que declaró bajo bloqueo. También prometió responder con una “escalada por escalada” frente a Arabia Saudita.
El portavoz militar hutí, Yahya Saree, anunció además un ataque con drones y misiles contra la base saudita de Sharurah, próxima a la frontera, aunque no precisó cuándo se habría producido.
La exclusión de los buques saudíes resulta especialmente relevante para el mercado energético. Arabia Saudita es el mayor exportador mundial de petróleo y, desde el bloqueo de Ormuz, incrementó sus despachos a través de Yanbu, su principal puerto en el mar Rojo.
Riad también anunció el cierre temporal del oleoducto Este-Oeste, conocido como Petroline, después de un ataque con drones. Según France 24, los gobiernos de Arabia Saudita e Irak atribuyeron la operación a un origen en territorio iraquí y no a los hutíes.
Imágenes del satélite Copernicus Sentinel tomadas el 10 de septiembre y difundidas por AFP muestran una columna de humo al sureste de Medina, sobre el trazado general del ducto.
Dos estrechos atrapados en una misma guerra
La importancia del avance hutí no puede entenderse únicamente dentro del conflicto yemení. Su impacto está directamente relacionado con la guerra entre Estados Unidos e Irán, que mantiene cerrado de hecho el estrecho de Ormuz.
Ormuz y Bab el Mandeb son dos puntos críticos para el transporte internacional de petróleo. El primero controla la salida del golfo Pérsico; el segundo, el ingreso al mar Rojo y al canal de Suez. Con ambos corredores bajo presión, disminuyen las rutas disponibles para trasladar energía desde Oriente Medio hacia los mercados internacionales.
El control de Bab el Mandeb por un grupo aliado de Teherán convierte así el tráfico marítimo en una herramienta de presión política y diplomática.
Antes de una reunión prevista en Omán, Irán reiteró que la reapertura de Ormuz depende de que Washington cumpla sus compromisos. Según France 24, ambos países no mantienen conversaciones desde el fracaso del acuerdo alcanzado en junio, apenas unas semanas después de su firma.
El gobierno yemení reconocido internacionalmente admitió la magnitud del retroceso. El gobernador de Marib, Sultán al Arada, calificó el domingo 13 de septiembre la derrota sufrida en la costa meridional del mar Rojo como “profundamente dolorosa” y afirmó que las tropas se encuentran en proceso de reorganización, de acuerdo con declaraciones recogidas por EFE.
Al mismo tiempo, Axios informó que el príncipe heredero saudita, Mohamed bin Salmán, llamó dos veces al presidente Donald Trump el jueves para solicitar respaldo contra los hutíes. Según ese reporte, citado posteriormente por otros medios, el mandatario estadounidense evitó comprometerse con ataques directos.
Washington mantiene por ahora su apoyo de inteligencia a Riad, pero busca evitar una intervención militar abierta. La decisión también responde al impacto interno de la crisis: el aumento del precio de los combustibles puede influir en las perspectivas del Partido Republicano para las elecciones de mitad de mandato de noviembre.
El costo humano de la ofensiva
Detrás del impacto comercial y energético se agrava una nueva emergencia humanitaria.
La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) informó el domingo 13 de septiembre que 82.164 personas habían sido desplazadas desde comienzos de mes. La cifra creció rápidamente: el organismo había registrado 46.000 desplazados el viernes 11 y al menos 76.000 el sábado 12.
Taiz concentra cerca de 56.000 personas desplazadas, seguida de Lahj con aproximadamente 19.000 y Hodeida con 8.000, principalmente procedentes de Hays. Otras 2.500 personas abandonaron Adén.
Más de 2.000 ciudadanos cruzaron por mar hacia el norte de Yibuti y llegaron a los alrededores de Obock, donde las autoridades activaron una respuesta de emergencia con apoyo de Naciones Unidas.
“Detrás de cada cifra hay una familia que lo ha perdido todo”, advirtió la directora general de la OIM, Amy Pope. La funcionaria también alertó que los cortes de carreteras y rutas de abastecimiento dificultan el ingreso de ayuda humanitaria.
Los escenarios que observa el mercado
El primer escenario es la consolidación del dominio hutí sobre el litoral y las islas del estrecho, acompañada por una navegación parcialmente condicionada. En ese caso, los barcos de determinadas nacionalidades o compañías podrían enfrentar restricciones, amenazas o mayores costos de seguro.
El segundo contempla una intensificación de los bombardeos del gobierno yemení y de Arabia Saudita contra las posiciones rebeldes, con el riesgo de que el estrecho se convierta en un frente militar abierto.
Un tercer escenario sería el aumento del apoyo estadounidense a Riad mediante inteligencia, vigilancia y asistencia logística, sin llegar a una intervención directa.
La alternativa más grave para el comercio mundial sería una interrupción prolongada de Bab el Mandeb. Las navieras tendrían que desviar sus rutas alrededor de África, elevando los tiempos de entrega y los costos de transporte a escala internacional.
En el plano energético, el mercado observa dos variables inmediatas: la posible reapertura del oleoducto saudita Este-Oeste y el cumplimiento efectivo de las garantías de navegación ofrecidas por los hutíes.
Panorama
Al 13 de septiembre de 2026, un actor armado no estatal aliado de Irán controla el acceso a una de las rutas más importantes del comercio mundial, por la que transitaba cerca del 12% del petróleo transportado por vía marítima antes de la crisis.
El gobierno yemení reconoce la pérdida del litoral y anuncia una reorganización de sus fuerzas. Arabia Saudita mantiene cerrado su oleoducto Este-Oeste y busca respaldo estadounidense, limitado hasta ahora al intercambio de inteligencia. El Brent permanece por encima de los 100 dólares por barril y la OIM contabiliza más de 82.000 desplazados en apenas once días.
El control de Bab el Mandeb todavía no equivale a un bloqueo total. Sin embargo, coloca en manos de los hutíes la capacidad de condicionar una arteria fundamental entre Asia y Europa. Esa amenaza, incluso sin materializarse por completo, basta para elevar los costos, aumentar la incertidumbre y convertir la guerra de Yemen en un problema directo para la economía mundial.







