La rebelión de sus aliados, la guerra con Irán y una aprobación de apenas 33% ponen al mandatario contra las cuerdas antes de las elecciones legislativas.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afrontó durante los primeros días de agosto una serie de reveses legales, políticos y diplomáticos, algunos impulsados por integrantes de su propio entorno. Las diferencias surgieron en Washington alrededor de un caso judicial, la confirmación de su candidato a fiscal general y la conducción de la guerra con Irán, según un análisis publicado por la BBC.
Uno de los primeros desencuentros involucró a Jeanine Pirro, fiscal federal interina y conocida aliada del mandatario. Pirro solicitó retirar los cargos por destrucción de propiedad presentados contra el exdeportista olímpico David Hearn, acusado de dañar intencionalmente el estanque reflectante situado cerca del Monumento a Washington.
En un documento judicial de 20 páginas, la fiscal sostuvo que los daños fueron ocasionados por una instalación defectuosa y no por un acto de vandalismo. También señaló que la acusación se había basado en información engañosa proporcionada por el Departamento del Interior.
Trump había respaldado públicamente la hipótesis del vandalismo y cuestionó a Pirro después de que su oficina abandonara el proceso. La decisión evidenció una diferencia entre la posición política defendida por el presidente y las pruebas que los fiscales debían presentar ante un tribunal.
La segunda dificultad se produjo en el Senado, donde Todd Blanche, exabogado de Trump en procesos penales y fiscal general interino, encontró resistencia para asumir el cargo de manera permanente.
Los senadores republicanos John Cornyn, de Texas, y Thom Tillis, de Carolina del Norte, se sumaron a los demócratas para bloquear inicialmente su nominación. Ambos exigieron garantías de que Blanche no intentaría reactivar un fondo de US$1.800 millones destinado a compensar a personas que afirmaban haber sido procesadas por motivaciones políticas.
Tillis expresó preocupación por la posibilidad de que ese dinero beneficiara a personas procesadas por el asalto al Capitolio de 2021. Trump, por su parte, manifestó en su plataforma Truth Social que mantendría a Blanche como fiscal general interino y que buscaría la aprobación legislativa del fondo.
Sin embargo, la correlación de fuerzas en el Senado obligó al nominado a responder a las exigencias de los legisladores. Blanche presentó posteriormente dos cartas que, de acuerdo con Cornyn y Tillis, atendían sus observaciones. Trump afirmó después que no había leído esos documentos y evitó cuestionarlo públicamente.
El episodio mostró los límites que enfrenta la Casa Blanca incluso dentro del Partido Republicano. Aunque Trump conserva una influencia considerable sobre esa organización política, la posición de Cornyn y Tillis demostró que determinados nombramientos y proyectos todavía pueden encontrar resistencia entre legisladores oficialistas.
El desafío de mayor alcance, sin embargo, continúa siendo la guerra con Irán. Trump acusó a Teherán de actuar de manera engañosa respecto de las conversaciones diplomáticas y aseguró haber cancelado una operación militar de gran magnitud a solicitud de funcionarios iraníes y mediadores árabes.
Las autoridades de Irán negaron que existieran nuevas negociaciones directas con Estados Unidos. Funcionarios estadounidenses consultados por CBS News, medio asociado a la BBC, también indicaron que no estaban previstas conversaciones inéditas entre ambos gobiernos. Un representante iraní señaló que los únicos contactos en marcha se realizaban con Omán y estaban relacionados con la navegación en el estrecho de Ormuz.
La falta de coincidencia entre las versiones volvió a generar dudas sobre el estado de las negociaciones y las posibilidades de reducir la confrontación. Mientras Washington acusa a Teherán de tergiversar los contactos diplomáticos, el gobierno iraní rechaza que se esté desarrollando un diálogo directo en los términos descritos por Trump.
El conflicto también está afectando la posición política del presidente. Diversas encuestas citadas por la BBC reflejan descontento entre los estadounidenses por el manejo de la guerra y dudas sobre el cumplimiento de los objetivos anunciados por la administración.
Un sondeo de Associated Press situó la aprobación presidencial en 33%, resultado similar a los registrados por CNN, Quinnipiac y YouGov. De acuerdo con el análisis, ese nivel iguala o queda por debajo de la aprobación que Trump tuvo después del asalto al Capitolio.
El mandatario rechazó públicamente esas mediciones y aseguró que sus verdaderos niveles de respaldo son superiores. La diferencia entre el discurso presidencial y los resultados de las encuestas se produce cuando faltan aproximadamente tres meses para las elecciones legislativas de mitad de mandato.
Esos comicios serán determinantes para los dos últimos años de la presidencia de Trump. Un retroceso republicano podría reducir su margen de acción en el Congreso, complicar la aprobación de proyectos y aumentar la resistencia frente a sus nominaciones y decisiones de política exterior.
Trump ha conseguido anteriormente resultados electorales más favorables de lo anticipado por diversos sondeos. No obstante, la combinación de cuestionamientos legales, diferencias con senadores republicanos y rechazo a la guerra con Irán configura un escenario de creciente presión para la Casa Blanca.
La evolución del conflicto con Teherán y el resultado de las elecciones legislativas permitirán determinar si los recientes reveses constituyen dificultades temporales o si anticipan una pérdida más profunda de respaldo político para el presidente y su partido.







