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Batidos, barritas, polvos y hasta bebidas calientes con proteína ganaron espacio en supermercados y redes sociales, donde influyentes promueven “sumar gramos” en cada comida. El interés responde a beneficios reales —saciedad, soporte de masa muscular—, pero el reportaje advierte que el foco exclusivo en un macronutriente puede deteriorar la calidad global de la dieta.
La doctora Emma Beckett (Universidad de Gales del Sur) recuerda que la proteína se descompone en aminoácidos que el organismo usa para formar estructuras y enzimas. La Fundación Británica del Corazón sugiere 0,75 g/kg/día (aprox. 45 g para mujeres y 55 g para hombres adultos), cantidades que se cubren con carnes magras, lácteos, huevos, legumbres, frutos secos y pescado.
El cirujano Karan Rajan (NHS) destaca el papel de la fibra en la motilidad intestinal y en la producción de compuestos antiinflamatorios por la microbiota. Dietas ricas en fibra se asocian con menor riesgo de enfermedad cardiovascular, ACV y diabetes tipo 2. La guía del Reino Unido recomienda 30 g diarios dentro de una alimentación equilibrada.
Para Paul Kita (revista Men’s Health), la proteína “muestra” resultados visibles —como aumento de masa muscular—, a diferencia de beneficios invisibles de la fibra. En mujeres, la búsqueda de conservar músculo durante la menopausia también impulsa el consumo; no obstante, una revisión de 2019 (Universidad de Surrey) halló poco o nulo beneficio al superar de forma sostenida las dosis recomendadas.
El analista Scott Dicker (Spins) advierte que algunos ultraprocesados “altos en proteína” redefinen alimentos tradicionalmente azucarados o refinados como “saludables” por añadir polvo proteico. El mercado de proteínas en polvo se valoró en US\$4.400 millones (2021) y podría alcanzar US\$19.300 millones en 2030, reflejando un fuerte incentivo comercial.
Los especialistas consultados señalan que excesos sostenidos de proteína —sobre todo de origen animal— pueden estresar el riñón, asociarse a cálculos renales y, en personas con afecciones previas, a enfermedad renal. La Asociación Dietética Británica reporta efectos secundarios como náuseas con ingestas muy altas. También se advierte sobre impacto óseo y azúcares añadidos usados para enmascarar sabores amargos en productos enriquecidos.
La tendencia de “maximización” seguirá impulsada por redes y mercado. Las autoridades sanitarias y sociedades científicas podrían reforzar campañas sobre equilibrio de macronutrientes y alfabetización alimentaria, mientras nuevas investigaciones evalúan efectos a largo plazo de dietas altas en proteína ultraprocesada.
El reportaje de The Food Chain subraya que la proteína es indispensable, pero centrarse solo en ella puede desplazar fibra y calidad dietaria. La evidencia disponible favorece un patrón equilibrado y variado, donde la suma de nutrientes —y no un único “combustible”— sostiene la salud a largo plazo.