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Emiratos Árabes Unidos (EAU) anunció que abandonará en mayo la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), de la que formaba parte desde 1967, con el objetivo de incrementar su producción y responder a la creciente demanda energética global. La medida, comunicada por su Ministerio de Energía, elimina las restricciones de cuotas impuestas por el bloque y se produce en un contexto de alta volatilidad en los mercados debido a tensiones en Oriente Medio.
La OPEP fue fundada en 1960 por Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudita y Venezuela con el propósito de coordinar políticas petroleras y estabilizar los precios internacionales. A lo largo de las décadas, el grupo ha buscado equilibrar la oferta global mediante cuotas de producción.
EAU, que se incorporó en 1967, se había consolidado como el tercer mayor productor del bloque, con aproximadamente 3,4 millones de barriles diarios a inicios de 2026. Su salida reducirá el número de miembros a 11 y también implica su desvinculación de la alianza ampliada OPEP+.
Según autoridades emiratíes, la salida responde a la necesidad de contar con mayor autonomía para expandir su producción, tras importantes inversiones en infraestructura energética.
Expertos señalan que el país había mostrado incomodidad con las cuotas del grupo, especialmente ante el cumplimiento desigual de otros miembros. Carole Nakhle, directora ejecutiva de Crystol Energy, indicó que Abu Dabi “ha buscado un crecimiento ambicioso de su capacidad, pero se ha visto limitado por las restricciones del bloque”.
Analistas advierten que la decisión representa un golpe significativo para la organización. Saul Kavonic, jefe de investigación energética en MST Financial, sostuvo que la salida de EAU implica la pérdida de cerca del 15% de la capacidad del grupo y podría marcar “el principio del fin” de la alianza.
Además, Arabia Saudita, líder de facto de la OPEP, podría enfrentar mayores dificultades para mantener la cohesión interna y sostener las políticas de control de producción.
El anuncio ocurre en medio de un escenario complejo, marcado por conflictos en Oriente Medio que han afectado el suministro global de petróleo. El Banco Mundial ha advertido que estas tensiones han provocado la mayor disrupción registrada en la oferta, con proyecciones de un incremento promedio del 25% en los precios de la energía este año.
Asimismo, el cierre parcial del estrecho de Ormuz —ruta clave para el transporte de crudo— añade incertidumbre al mercado, limitando el impacto inmediato de la decisión emiratí.
Economistas coinciden en que, a corto plazo, la salida de EAU no alterará significativamente el suministro global. Sin embargo, a mediano y largo plazo podría derivar en un aumento de la producción y en una mayor volatilidad de los precios.
David Oxley, de Capital Economics, señaló que la medida podría presionar los precios a la baja en el futuro, aunque con mayores fluctuaciones. También existe el riesgo de que otros países sigan el mismo camino, debilitando aún más la influencia de la OPEP.
EAU podría incrementar su producción hasta los 5 millones de barriles diarios en los próximos años, apoyado en nuevas inversiones y proyectos de infraestructura, incluidos oleoductos que eviten el estrecho de Ormuz.
Analistas advierten que una eventual respuesta de Arabia Saudita —como una guerra de precios— podría redefinir el equilibrio del mercado, afectando especialmente a economías más dependientes del petróleo.
La salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP representa un punto de inflexión en la gobernanza del mercado petrolero global. Si bien sus efectos inmediatos son limitados, la decisión abre la puerta a cambios estructurales en la dinámica de producción, en un contexto donde la transición energética y las tensiones geopolíticas continúan redefiniendo el papel del petróleo en la economía mundial.