Las encuestas registran una creciente desaprobación de una guerra que se prolonga sin que Washington haya alcanzado sus principales objetivos.

Siete meses después del inicio de la guerra entre Irán y Estados Unidos, Teherán mantiene la confrontación pese al fuerte deterioro de su economía y a los daños sufridos por su infraestructura. Según un análisis publicado el 15 de agosto de 2026 por el servicio persa de BBC News, la estrategia iraní busca prolongar el conflicto y elevar los costos militares, económicos y políticos para Washington hasta mejorar su posición ante una eventual negociación. El estrecho de Ormuz continúa siendo uno de los principales escenarios de presión.
Un conflicto sin señales de cierre
Los dirigentes iraníes no muestran, hasta ahora, prisa por poner fin a la guerra. Una de las interpretaciones recogidas por BBC News es que Teherán intenta demostrar que Estados Unidos no puede determinar unilateralmente ni el ritmo ni el desenlace del conflicto.
La pregunta central es cuánto tiempo puede Irán mantener esa estrategia. Su capacidad de resistencia depende principalmente de tres frentes: el militar, el económico y el político interno. Ninguno de ellos ha alcanzado todavía un punto que obligue a Teherán a detener la confrontación.
Irán conserva capacidad militar
Los ataques han alcanzado sectores de la industria de defensa iraní y plantas vinculadas con la producción de misiles. Sin embargo, no existen estimaciones independientes que permitan determinar con precisión la magnitud de los daños. Chatham House señala además que no hay una cifra fiable sobre las reservas actuales de misiles de Irán.
Aunque los lanzamientos de misiles balísticos han disminuido, la capacidad iraní no depende exclusivamente de ese arsenal. Los drones y misiles de crucero son más rápidos y sencillos de producir, los comandantes abatidos han sido reemplazados y la estructura de mando continúa operativa.
Mohammad Ghaedi, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad George Washington, sostiene que Irán probablemente podrá mantener durante un periodo prolongado su capacidad de efectuar lanzamientos, aunque con menor intensidad, y continuar provocando perturbaciones en el estrecho de Ormuz.
La prolongación de la guerra también supone un costo para Estados Unidos. La interceptación de misiles y drones iraníes ha consumido parte de sus reservas de defensa y algunos análisis advierten que determinadas municiones no pueden reponerse con rapidez.
A ello se suma el frente político. Aunque Donald Trump conserva un respaldo relativamente sólido entre los votantes republicanos, las encuestas citadas en el análisis registran desaprobación hacia la guerra y preocupación por la falta de cumplimiento de los objetivos planteados por Washington.
La economía iraní bajo presión
La economía de Irán ya enfrentaba antes de la guerra una elevada inflación, escasa inversión, depreciación del rial y desequilibrios estructurales. El Banco Mundial estima que se contrajo alrededor de 2,7% durante el año fiscal 2025-2026, periodo en el que solo las últimas semanas coincidieron con el conflicto.
La guerra profundizó esas dificultades. El Centro de Estadística de Irán reporta una inflación interanual de 62%, mientras que en Hormozgan, una de las provincias del sur más expuestas a sus efectos, superó el 101%.
El impacto también alcanza al empleo. Según el viceministro iraní de Trabajo, el conflicto ha provocado la pérdida de más de un millón de puestos de trabajo y ha dejado a cerca de dos millones de personas desempleadas de manera directa o indirecta.
El Fondo Monetario Internacional proyecta para 2026 una contracción económica cercana al 5,4% y una inflación próxima al 69%. El resultado final dependerá de la duración de la guerra y del alcance de las restricciones sobre el comercio y las exportaciones petroleras.
Ormuz: presión sobre Washington y riesgo para Teherán
El estrecho de Ormuz constituye al mismo tiempo una herramienta estratégica y una vulnerabilidad para Irán. Las interrupciones en esta ruta pueden aumentar los costos para Estados Unidos y afectar al mercado energético internacional, pero el bloqueo naval estadounidense y las restricciones a la navegación también dificultan las exportaciones iraníes.
Ghaedi considera que el deterioro económico, por grave que sea, no necesariamente modificará por sí solo la estrategia militar de Teherán. Para convertirse en un factor decisivo tendría que traducirse en protestas generalizadas o profundizar las divisiones dentro del gobierno.
Divisiones dentro del poder iraní
No existe una posición uniforme sobre cuánto tiempo debe prolongarse la guerra.
Mohammad Bagher Ghalibaf, presidente del Parlamento y jefe de la delegación negociadora, ha advertido sobre el peligro de quedar atrapados en un “conflicto de desgaste” y ha cuestionado a quienes rechazan las negociaciones. Al mismo tiempo, sostiene que Irán no debe aceptar un acuerdo que no garantice sus derechos.
En el extremo contrario, el diputado de línea dura Amirhossein Sabeti ha defendido la continuidad de la guerra incluso ante la posibilidad de que Estados Unidos aceptara las condiciones planteadas por Teherán.
La diferencia no se limita, por tanto, a partidarios y opositores de la guerra. El debate gira alrededor de cuánto tiempo la presión militar puede generar ventajas para Irán y en qué momento los costos económicos, sociales y políticos empiezan a superar los posibles beneficios.
El frente interno, una amenaza creciente
No existen encuestas independientes y fiables que permitan establecer qué porcentaje de la población iraní respalda la continuidad del conflicto. Las opiniones difundidas en redes sociales tampoco pueden considerarse representativas del conjunto de la sociedad.
Hamidreza Azizi, experto en Irán e investigador visitante del Instituto Alemán de Asuntos Internacionales y de Seguridad (SWP), considera que el frente interno podría convertirse en el principal desafío para la República Islámica debido a la combinación de inflación, desempleo, deterioro económico y presión sobre la infraestructura.
Mientras esa situación no desemboque en una crisis política de mayor magnitud, Teherán mantiene margen para continuar la confrontación.
El costo regional de prolongar la guerra
La guerra también amenaza con alterar las relaciones que Irán había reconstruido durante los últimos años con los países árabes del Golfo, particularmente con Arabia Saudita.
Hasta ahora, esos gobiernos han buscado reducir las tensiones y favorecer una salida negociada. Sin embargo, cuanto mayor sea su exposición a ataques contra bases, infraestructuras o rutas marítimas, mayores serán los incentivos para reforzar su cooperación defensiva con Estados Unidos.
Ese escenario podría terminar debilitando la posición regional de Teherán.
Una guerra sin desenlace claro
La estrategia iraní enfrenta un problema fundamental: la presión sobre Washington solo tendrá valor político si finalmente puede convertirse en concesiones en una mesa de negociación.
Azizi sostiene que Irán ha demostrado capacidad para perturbar el suministro energético mundial e imponer costos a Estados Unidos y sus aliados, pero todavía no está claro cómo podría transformar esa capacidad de presión en un acuerdo político duradero.
Estado actual
Siete meses después, Irán continúa soportando el impacto económico y militar de la guerra sin abandonar la confrontación. Estados Unidos, por su parte, enfrenta el costo de una campaña prolongada y una creciente presión política interna sin haber alcanzado todavía los objetivos que motivaron el conflicto, de acuerdo con el análisis citado.
Por ahora, ninguna de las limitaciones militares, económicas o políticas ha obligado a Teherán a detenerse. Pero cada mes adicional aumenta el costo para ambos países y hace más difícil encontrar una salida que pueda presentarse como un resultado favorable.
La guerra entra así en una etapa de desgaste en la que la pregunta ya no es únicamente cuánto tiempo puede resistir Irán, sino cuánto tiempo está dispuesto Washington a sostener una confrontación sin resultados decisivos.







