Physical Address
304 North Cardinal St.
Dorchester Center, MA 02124
Physical Address
304 North Cardinal St.
Dorchester Center, MA 02124


El debate presidencial organizado por el Jurado Nacional de Elecciones no ha cumplido plenamente su cometido, que era atraer hacia la información al ciudadano que forma parte del 29,1 % de electores indecisos que aún no saben por quién votar en las próximas elecciones generales y que terminarán definiendo quién será el nuevo presidente de la República para los próximos años.
Este debate, que se prolongará hasta el 1 de abril y cuenta con tres fechas por semana y la participación de 35 candidatos, viene mostrando serias falencias técnicas y de forma que transmiten una sensación de desorden e improvisación. Los tiempos son muy cortos, las secuencias confusas y el respeto por las reglas del debate ha sido limitado, al menos durante las primeras jornadas.
Si a ello le sumamos la baja calidad intelectual, la limitada capacidad oratoria y la falta de propuestas sólidas de varios participantes, podemos concluir que este espacio corre el riesgo de resultar insuficiente para reducir el porcentaje de electores indecisos.
Tratar de enumerar, describir y comentar la participación de todos los candidatos en este encuentro político sería prematuro, pues aún resta una parte importante del proceso. Sin embargo, lo observado hasta hoy deja señales preocupantes. La inmadurez política es evidente y, en varios casos, también se percibe un escaso conocimiento sobre la realidad nacional. Asimismo, la visión de estadista que exige la conducción del país parece ausente entre diversos participantes.
Muchas propuestas giran en torno a problemas actuales identificados como prioritarios por la ciudadanía y las encuestas. Todos ofrecen soluciones frente a la inseguridad ciudadana, la corrupción, la falta de empleo y la carencia de servicios básicos como alimentación, agua y educación. Sin embargo, pocos han logrado explicar con precisión cómo ejecutarían sus propuestas, cuáles serían sus mecanismos de implementación o cuánto tiempo tomaría obtener resultados.
Debe reconocerse también una limitación importante del propio formato: dos minutos y treinta segundos por intervención resultan insuficientes para desarrollar políticas públicas complejas. Esta situación ha llevado a que varios candidatos opten por la confrontación superficial, los ataques personales y el enfrentamiento político antes que por el debate técnico y programático.
En dos semanas, el Perú enfrentará una de las elecciones generales más importantes de los últimos años. Ha llegado el momento de decidir con responsabilidad y mediante un voto informado quién conducirá la administración del Estado y de los recursos públicos.
No es momento para la indiferencia ni para trivializar el voto. El Perú atraviesa una encrucijada política, económica y social que exige un gobierno profesional, serio y con capacidad de gestión. El país necesita propuestas viables, equipos técnicos preparados y planes de gobierno que puedan traducirse en resultados concretos.
Nos estamos jugando el futuro de nuestros hijos y nietos. No queremos seguir viendo cómo miles de jóvenes buscan oportunidades fuera del país ante la falta de condiciones laborales y perspectivas de desarrollo. El Perú tiene recursos, potencial y capacidades suficientes para convertirse en una nación más próspera y competitiva. No permitamos que la improvisación o la falta de preparación continúen debilitando nuestras posibilidades.
Las malas decisiones de gobiernos anteriores y el deterioro de la confianza en la clase política explican, en parte, el elevado número de ciudadanos indecisos. Por ello, este debate presidencial representa una de las últimas oportunidades reales para que la población pueda comparar propuestas de manera directa.
Esperamos que el Jurado Nacional de Elecciones evalúe ajustes que permitan mejorar el formato para las siguientes jornadas. De no hacerlo, este esfuerzo podría terminar perdiendo impacto y dejar como principal perjudicado al proceso electoral y al derecho ciudadano a acceder a información clara y suficiente.
Necesitamos soluciones concretas, propuestas responsables y estrategias viables. No existen atajos: el crecimiento económico sigue siendo uno de los pilares fundamentales para generar empleo, reducir la pobreza y fortalecer el desarrollo nacional.
A los candidatos debemos exigirles propuestas concretas en desarrollo productivo, empleo, promoción de inversiones públicas y privadas con reglas claras, así como planes sólidos en educación, salud y cierre de brechas sociales.
Y, sobre todo, debemos exigirles algo indispensable para recuperar la confianza ciudadana: decencia y probidad.
Hasta la próxima semana, amigos de Primera.