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El domingo 7 de junio, los peruanos tendremos que decidir en las urnas entre dos visiones distintas de un mismo país. Con un electorado dividido y marcado por sentimientos como el rechazo, la desconfianza y la incertidumbre, la población demanda respuestas concretas frente a la crisis institucional, la inseguridad, la necesidad de preservar la estabilidad económica y, sobre todo, frente a una galopante corrupción estatal.
El resultado dependerá de la capacidad de ambos candidatos para captar a los indecisos, negociar alianzas y gestionar una transición que podría convertirse en la más compleja de la última década. Pero ello dependerá también de la capacidad que tengan para transmitir mensajes claros, firmes y contundentes hacia una ciudadanía expectante y ávida de información precisa.
Es importante ser conscientes de que el Perú atraviesa un momento decisivo marcado por esta segunda etapa de un mismo proceso electoral. El país enfrenta el desafío de superar la inestabilidad política, la inseguridad ciudadana, la informalidad y la profunda desconfianza en las instituciones, haciendo urgente un debate serio sobre el futuro democrático y económico de la nación.
El país se prepara para una segunda vuelta electoral, una jornada que pondrá frente a frente a Keiko Fujimori y Roberto Sánchez. El proceso se desarrolla en un contexto de profunda polarización y desconfianza ciudadana, tras una accidentada primera vuelta que reconfiguró completamente el escenario político.
Con el 100% de las actas procesadas, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) confirmó a Fujimori Higuchi como la candidata más votada, con 17,18 %, seguida por Sánchez, quien obtuvo 12,03 %. La diferencia entre Sánchez y Rafael López Aliaga fue de apenas 21.210 votos, lo que mantuvo al país en vilo durante semanas.
Esta segunda vuelta electoral será el escenario donde el Perú elegirá entre dos proyectos políticos opuestos. Fujimori, representante de Fuerza Popular, propone un retorno al orden institucional y la seguridad; mientras que Sánchez, de Juntos por el Perú, plantea una agenda de reivindicación social, reforma agraria y la promesa de indultar al expresidente Pedro Castillo.
En la primera vuelta electoral la fragmentación fue extrema: 35 partidos compitieron y los cuatro principales candidatos que quedaron fuera del balotaje —Ricardo Belmont, Carlos Álvarez, Jorge Nieto y Rafael López Aliaga— sumaron más del 40 % de los sufragios. Esta cifra convierte la transferencia de votos en la variable central del balotaje.
Es decir, ese bloque electoral será el que incline la balanza y defina el nombre del próximo presidente del Perú para el siguiente lustro. Hacia ese caudal de votos apuntarán ambos candidatos para intentar atraer nuevos respaldos.
Por el comportamiento electoral de la ciudadanía, difícilmente alguno de los finalistas superará el 30 % del voto válido, por lo que la construcción de alianzas resulta imprescindible desde el inicio mismo de la segunda vuelta. El candidato que aspire a imponerse tendrá que concentrar esfuerzos en consolidar acuerdos políticos lo más pronto posible.
Un punto importante que Fuerza Popular y Juntos por el Perú deben tener en cuenta es que el peso electoral de Lima y Callao será determinante para definir esta elección. Lima concentra 8,66 millones de electores, mientras que el Callao suma 860.000. En ambas jurisdicciones, Rafael López Aliaga lideró la primera vuelta. Sin embargo, los analistas advierten que la transferencia automática de votos no está garantizada.
Fujimori dominó la costa norte y la Amazonía, con picos de 34,13 % en Tumbes y 29,68 % en Ucayali, mientras que Sánchez logró sus mejores resultados en el eje andino: 43,43 % en Huancavelica, 41,62 % en Cajamarca y 40,98 % en Apurímac.
En regiones del sur andino, como Puno y Cusco, el respaldo hacia Fujimori es reducido. En Puno, por ejemplo, apenas obtuvo el 3,90 % de los votos.
Arequipa, la segunda ciudad más poblada del país, fue ganada por Jorge Nieto, lo que convierte a sus 1,2 millones de electores en un bloque impredecible. Áncash presenta un escenario similar, con una fragmentación electoral que mantiene abierta la disputa entre ambos finalistas.
Se debe tomar muy en cuenta que, en 2021, Pedro Castillo derrotó a Fujimori gracias al respaldo del sur andino. Para este proceso, Sánchez busca reeditar una coalición territorial similar, reforzando su vínculo con sectores cercanos al expresidente.
Fujimori centra su discurso en la seguridad y el refuerzo institucional. Entre sus propuestas destacan mayores controles fronterizos, recuperación del control penitenciario, “rastrillajes” militares y la reintroducción de “jueces sin rostro”. Además, ha planteado la posibilidad de un eventual retiro del Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos.
Sánchez, por su parte, apuesta por una narrativa vinculada al castillismo. Se presentó a caballo en Bambamarca, acompañado por familiares de Pedro Castillo, y ha reiterado su propuesta de indultar al expresidente. También promueve alianzas con partidos de izquierda y explora convergencias con otras figuras políticas.
Ambos candidatos buscan sumar apoyos conscientes de que esta elección podría definirse por márgenes estrechos.
Bajo este complejo panorama político, el próximo presidente asumirá el cargo en medio de una alta incertidumbre y escepticismo ciudadano. Uno de los primeros grandes desafíos será enfrentar fenómenos climáticos como El Niño y combatir la inseguridad ciudadana, dos problemas que requieren respuestas concretas y planificación.
Son temas que ambos equipos de campaña tendrán que analizar con responsabilidad para presentar propuestas firmes y claras.
Hasta la próxima semana, amigos de Primera.