EL PERÚ LES INTERESA UN COMINO

El desastroso espectáculo político registrado esta semana en el Perú, con la censura del expresidente del Congreso José Jerí Oré y la posterior elección de José María Balcázar como su reemplazante, confirma que muchos congresistas parecen haber perdido de vista para qué fueron elegidos y cuál es realmente la función y responsabilidad que les asignó la ciudadanía.

Esta pobre y vergonzosa actuación deja en evidencia que el interés por alcanzar un cargo público o mantenerse en él muchas veces parece estar muy alejado de las verdaderas necesidades del país. El beneficio político particular y la rentabilidad personal terminan dando la impresión de convertirse en prioridades, mientras que servir al Perú queda relegado a un segundo plano. El país, como Nación, parece importarles muy poco.

La situación política a la que ha sido sometido el país vuelve a poner sobre la mesa la necesidad urgente de revisar mecanismos institucionales y legales para evitar que decisiones políticas extraordinarias puedan utilizarse sin los contrapesos adecuados.

No resulta saludable para la estabilidad democrática que instrumentos diseñados para situaciones excepcionales terminen convertidos en herramientas de confrontación política permanente. La institucionalidad requiere equilibrio, reglas claras y procedimientos sólidos que otorguen previsibilidad.

Preocupa particularmente la percepción de que determinadas decisiones puedan generar un excesivo desequilibrio entre poderes del Estado o abrir espacios para interpretaciones discrecionales de las normas.

En una democracia sólida, el respeto al debido proceso y a los procedimientos establecidos no puede depender de mayorías circunstanciales ni de coyunturas políticas específicas.

Una parte importante del debate público también gira alrededor de los mecanismos de control institucional y de los espacios llamados a ejercer una labor de vigilancia constitucional y jurídica. Cuando existen controversias sobre procedimientos de alto impacto político, la ciudadanía espera posiciones claras, orientaciones jurídicas y defensa firme de los principios institucionales.

No se trata de defender personas ni posiciones políticas específicas. Se trata de defender reglas, procedimientos y la estabilidad institucional.

Las democracias no solo se fortalecen con elecciones; también se fortalecen cuando las instituciones funcionan adecuadamente, cuando los pesos y contrapesos operan correctamente y cuando las decisiones se toman respetando marcos legales y constitucionales.

Preocupa además una cultura política donde muchas veces predomina el enfrentamiento, la improvisación y el cálculo político inmediato por encima de la construcción de consensos y de una visión de largo plazo para el país.

El Perú necesita instituciones más fuertes, partidos más sólidos y reglas más claras. Necesita también representantes capaces de comprender que ejercer poder implica responsabilidad, prudencia y respeto irrestricto por el orden democrático.

No se puede normalizar una dinámica política marcada por conflictos permanentes, tensiones institucionales y señales constantes de inestabilidad.

Resulta indispensable revisar normas, fortalecer procedimientos y cerrar vacíos que permitan interpretaciones que terminen debilitando la gobernabilidad.

No se trata de nombres propios. Se trata de proteger la institucionalidad y evitar precedentes que puedan generar mayores desequilibrios de poder en el futuro.

El Perú enfrenta enormes desafíos económicos, sociales y de seguridad ciudadana. La política debería estar concentrada en resolver esos problemas y no en alimentar escenarios permanentes de confrontación.

Porque cuando las instituciones se deterioran, los más perjudicados terminan siendo siempre los ciudadanos.

Hasta la próxima semana, amigos de Primera.