
Keiko Sofía Fujimori Higuchi es ya la primera mujer elegida por voto popular como presidenta del Perú, tras asumir el cargo el pasado 28 de julio. Con ese poder llega también una gran responsabilidad: la de conducir a un país que recibe altamente polarizado, tras una campaña y un cierre electoral marcados por la tensión política.
El principal reto del gobierno de Keiko Fujimori y de su equipo técnico es comprender y asimilar esa polarización heredada. Las garantías de libertad de expresión, la protección de los derechos humanos y la defensa de la separación de poderes deben ser asuntos prioritarios de su agenda. Ante las voces opositoras que durante la campaña dejaban entrever una eventual vacancia presidencial, cabe señalar que las reglas constitucionales vigentes hacen más difícil la destitución del mandatario que en periodos anteriores, por lo que el gobierno de Fujimori está sujeto a un marco institucional más garantista que el de sus predecesores inmediatos.
Su gobierno desde el Ejecutivo, y el nuevo Congreso bicameral desde el Legislativo, deben priorizar la seguridad ciudadana, la prevención frente al Fenómeno de El Niño y la reactivación económica, todo ello bajo el signo de la conciliación entre las distintas fuerzas políticas. El Parlamento deberá además fiscalizar a los gobiernos regionales para garantizar la ejecución oportuna de los recursos destinados a la prevención frente a ese fenómeno climático, cuyos efectos ya se vienen sintiendo en distintas regiones del país y que, según especialistas, continuará generando consecuencias en los próximos meses. Los fondos destinados a esa prevención existen todos los años y no siempre se ejecutan a tiempo; corresponde ahora al Congreso, en uso de sus facultades de fiscalización, exigir que esa ejecución sea pronta, certera y libre de corrupción.
Junto con la seguridad ciudadana y la emergencia climática, la reactivación económica es otro de los grandes retos del país. El Perú tiene potencial para sostener un crecimiento superior al 6% si se realizan los ajustes necesarios. En esa línea, una de las primeras señales de continuidad macroeconómica del nuevo gobierno ya se concretó: el 6 de julio, antes incluso de asumir el cargo, Fujimori se reunió con el presidente del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), Julio Velarde, y le pidió públicamente continuar al frente de la institución por un nuevo periodo de cinco años. Velarde, de 74 años y al mando del organismo desde 2006, aceptó de inmediato, en un anuncio que analistas y bancos de inversión interpretaron como una señal de estabilidad para los mercados.
La clave de la gobernabilidad de Fujimori dependerá en buena medida de las capacidades dialogantes y conciliadoras de su primer ministro, un cargo que finalmente recayó en Luis Galarreta, dirigente de Fuerza Popular y expresidente del Congreso, quien asumió la Presidencia del Consejo de Ministros el 28 de julio. El desafío de su gestión será lograr entendimientos con un Congreso bicameral en el que, como quedó demostrado en la reñida elección de la Mesa Directiva del Senado —decidida por un solo voto entre la lista oficialista y la opositora—, las fuerzas políticas se encuentran sumamente equilibradas. El Ejecutivo deberá enfocarse en construir consensos y promover el diálogo entre todas las bancadas para lograr la gobernabilidad y atender con celeridad las principales necesidades del país.
Lo que debe quedar claro para todas las autoridades políticas es que el proceso y la campaña electoral ya terminaron. El Perú necesita ahora una unión sincera entre las distintas bancadas para encontrar los consensos que el país requiere, y asumir la responsabilidad de sacar adelante a una nación que enfrenta una crisis de gobernabilidad de larga data. Fuerza Popular, como partido de gobierno, tiene además la tarea de contribuir a moderar la polarización que ha caracterizado buena parte del debate político reciente, en el entendido de que superar ese clima es una condición necesaria —aunque no suficiente— para la gobernabilidad.
Keiko Fujimori reúne las características personales e intelectuales para enfrentar el gran reto de sacar al país de la grave crisis en que lo han sumido los gobiernos anteriores. La tarea no va a ser fácil, y es probable que los cinco años de gobierno no sean suficientes para ver los resultados a plenitud, pero sí van a servir para enderezar el rumbo hacia la seguridad y el desarrollo. Este compromiso de colaboración, respeto y trabajo asumido por el nuevo gobierno también debe ser correspondido por la oposición y por la población; solo de esta forma se podrán consolidar las bases para construir un futuro mejor para el Perú y las generaciones venideras. El momento de dejar de lado colores y ambiciones políticas ha llegado. Es hora de jugársela por el país. Hasta la próxima semana, mis amigos de Primera.







