LA DEMOCRACIA SE DEFIENDE EN LAS URNAS

A pocas horas de que los peruanos acudamos nuevamente a las urnas para elegir al próximo presidente de la República, resulta oportuno hacer una reflexión serena sobre la trascendencia de este momento político. Más allá de las simpatías, diferencias o preferencias electorales de cada ciudadano, existe una responsabilidad superior que nos convoca a todos: el compromiso con el Perú, con la democracia y con la defensa de nuestras libertades.

Las autoridades son transitorias; la democracia, en cambio, es una construcción permanente que exige participación, vigilancia y responsabilidad ciudadana. Por ello, el sufragio no debe ser visto como un simple trámite ni como una obligación administrativa. Votar constituye uno de los actos más importantes de la vida democrática, pues permite que cada ciudadano participe directamente en la definición del rumbo que tomará el país durante los próximos años.

En este contexto, resulta preocupante que algunos sectores hayan promovido el voto en blanco, el voto viciado o incluso el ausentismo como mecanismos de protesta frente a las candidaturas que han llegado a esta segunda vuelta. Sin embargo, más allá de las motivaciones que puedan sustentar esas posiciones, es importante recordar que la democracia se fortalece cuando los ciudadanos participan y toman decisiones, no cuando renuncian a hacerlo.

La legislación peruana establece que una elección presidencial solo podría ser anulada si los votos blancos y nulos superan los dos tercios del total de votos emitidos. Se trata de un escenario extraordinario que, en la práctica, nunca se ha producido en la historia electoral reciente del país y que resulta altamente improbable dadas las tendencias de participación observadas. Del mismo modo, el ausentismo, por sí solo, no constituye una causal automática para invalidar una elección presidencial.

Por ello, quienes sostienen que el voto en blanco, el voto viciado o la abstención podrían alterar sustancialmente el resultado del proceso electoral generan expectativas que difícilmente encontrarán respaldo en la realidad jurídica y política del país.

La democracia implica asumir responsabilidades. Implica elegir, participar y aceptar que, en determinados momentos históricos, las alternativas disponibles pueden no satisfacer plenamente las expectativas de todos los ciudadanos. Sin embargo, precisamente en esas circunstancias es cuando la participación adquiere mayor relevancia.

No debe olvidarse, además, que el voto continúa siendo obligatorio para los ciudadanos entre los 18 y los 70 años de edad. La normativa vigente contempla sanciones económicas para quienes incumplan con este deber cívico, así como multas adicionales para aquellos ciudadanos designados como miembros de mesa que no ejerzan dicha función.

Pero más allá de cualquier sanción legal, existe una razón aún más importante para acudir a votar: la responsabilidad moral que tenemos con el futuro del país. Cada generación recibe la democracia como una herencia y tiene la obligación de preservarla para quienes vendrán después.

Este domingo no solo elegiremos entre dos candidatos. También tendremos la oportunidad de demostrar que creemos en las instituciones democráticas, en la libertad y en la capacidad de los ciudadanos para decidir su destino mediante las urnas.

El Perú enfrenta desafíos enormes y requerirá unidad, madurez y compromiso para superarlos. El primer paso comienza con un acto sencillo, pero fundamental: acudir a votar.

Porque, al final de cuentas, el compromiso no es con una candidatura ni con una organización política. El compromiso es con el Perú.

Hasta la próxima semana, amigos de Primera.