NO HAY BICAMERALIDAD QUE VALGA

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El guirigay político desvía momentáneamente la atención en el tratamiento de temas relevantes como es el caso de la aprobación de bicameralidad en el Congreso de la República. Es así que la semana pasada se aprobó en segunda votación el retorno a la bicameralidad y la reelección inmediata de congresistas, con 91 votos a favor, 30 votos en contra y una abstención.
La iniciativa legislativa salió de la Comisión de Constitución donde se convirtió en dictamen, el cual concentra las propuestas de dieciocho proyectos de ley promovidos por los grupos parlamentarios Avanza País, Perú Libre, Podemos Perú, Acción Popular, Alianza para el Progreso, Renovación Popular, Perú Democrático y No agrupados.
Es importante destacar que, al tratarse de una modificación de la Constitución, el Ejecutivo no tiene la facultad de observar la propuesta, lo que confirma que el regreso del Senado será una realidad a partir de las próximas elecciones generales programadas para el año 2026.
La función de los diputados se enfoca en elaborar leyes, pueden interpelar o censurar ministros; por lo tanto, es la cámara donde se realiza el verdadero ejercicio político. Los senadores, por su parte, hacen el rol de segundo filtro. Ellos pueden aprobar o no las leyes propuestas por los diputados, por contar con un perfil de mayor experiencia política. También tienen la potestad de realizar nombramientos como los de embajadores o ratificar ascensos militares; entre otras funciones.
Entre las ventajas de un sistema bicameral se encuentra el objetivo de lograr la mejor representación parlamentaria, es decir, mayor número de legisladores en proporción a los votantes y las regiones. Además, en teoría (habrá que ver los resultados en la práctica), se debe mejorar la calidad de la producción de leyes, porque al haber dos cámaras, las leyes ‘express’, las que se aprueban sin mayor reflexión, no pasan. Este modelo permitiría los contrapesos entre cámaras para evitar decisiones apresuradas.
El problema de la falta de representación también se traduce en los cuellos de botella que genera que un congresista integre hasta más de tres comisiones de trabajo a la vez, algo que mucha gente desconoce.
En la actualidad, a nivel de los países de la región, solo Ecuador, Venezuela y Perú tienen Parlamento de una sola cámara. A nivel global, existe una correlación estrecha entre los países más democráticos que suelen tener parlamento bicameral y, por el contrario, democracias más débiles como las de los países africanos, que se caracterizan por tener un sistema de una sola cámara.

Un poco de historia

Hay que recordar que la bicameralidad en el Perú culminó el 5 de abril de 1992, fecha del autogolpe de Estado donde se disolvió el Congreso por orden de Alberto Fujimori Fujimori.
Es innegable que los sistemas unicamerales suelen concentrar mucho poder. En 1992, con el autogolpe de Estado, teníamos un sistema bicameral que pasa a ser de una cámara, eso facilitó la toma de decisiones de manera más fluida entre el Ejecutivo y Legislativo. Había un Ejecutivo que necesitaba una mayor concentración de poder y fuimos testigos de sus consecuencias negativas.
El tema de la aceptación de la bicameralidad, por parte de la población, pasa por que esta ya está disconforme con la idea del Parlamento como institución en sí. Y muchos pueden relacionar la bicameralidad con el solo incremento de congresistas y, ante ello, el rechazo a la figura de la bicameralidad es comprensible.
Lo ideal sería que un nuevo Congreso, con una conformación más cercana a las perspectivas y expectativas de los ciudadanos, debería ser el encargado de aprobar esta reforma.
En un momento de crisis, como el que estamos atravesando, de demandas sociales, económicas y políticas insatisfechas y de índices tremendos de corrupción y pugnas por la administración de justicia, ir adelante con una reforma constitucional podría ser contraproducente. Básicamente porque las reformas constitucionales, a diferencia de otro tipo de normas, requieren una amplísima legitimidad no solamente política, sino también social.
Las cosas se deberían tomar con calma para propiciar las condiciones que lleven a generar un espacio en el que intervengan diversos sectores, como representantes del Poder Ejecutivo, representantes del Parlamento, líderes de partidos políticos, expertos, representantes de la sociedad civil; es decir, crear una comisión lo suficientemente amplia y democrática para que sea el reflejo de lo que realmente piensan los sectores mayoritarios del país.

Proyecto aprobado

La propuesta de la Comisión de Constitución es pasar de 130 parlamentarios a 190, distribuidos en 130 diputados y 60 senadores. Además, contempla que para ser senador se requiere ser peruano de nacimiento, tener al menos 45 años al momento de la postulación, y haber sido congresista o diputado anteriormente y tener derecho a voto.
Pero también considera un aspecto a tener muy en cuenta: la disposición final del dictamen señala que se deroga el artículo 90-A de la Constitución, es decir, permite la reelección inmediata de parlamentarios. Esto no es más que la búsqueda de una reelección camuflada. En mi opinión, los congresistas quieren la bicameralidad y no la quieren por ser un mejor diseño del Parlamento, la quieren porque les genera expectativas para poder ser nuevamente parlamentarios en cualquiera de las cámaras que corresponda, así de claro.
En el 2018 se realizó un referéndum donde se sometió a consulta cuatro temas importantes, uno de ellos fue la bicameralidad. Cerca de catorce millones de peruanos votaron en contra del retorno a este mecanismo. Este resultado fue reflejo de la desaprobación ciudadana que existía en ese momento respecto al rol político que desempeñaban los congresistas.
Ahora el panorama, lejos de mejorar, ha empeorado. Una encuesta de opinión urbano-rural de este año elaborada por el Instituto de Estudios Peruanos (IEP), revela que el 91% de peruanos desaprueba la labor del Congreso y solo 6% afirmó aprobar su gestión. Sin duda, la falta de legitimidad y representación en sintonía con la ciudadanía baten récords históricos negativos.
Es así que el último miércoles 6 de marzo, durante la sesión plenaria del Congreso, se llevó a cabo la aprobación en segunda votación de esta reforma constitucional.
Por consiguiente, debo decir que la bicameralidad no servirá de nada si los congresistas elegidos carecen de calidad moral y capacidad profesional. El debate se ha centrado en el sistema operativo que rige al parlamento peruano, como si la bicameralidad, fuese a solucionar de un plumazo lo graves problemas que afectan al país. El escollo que frena el crecimiento nacional es la inmoralidad en el actuar de los principales representantes políticos en el país, lo cual ha generado los altísimos niveles de corrupción, que solo el año pasado se ha levantado en peso más de 24 mil millones de soles, (dato de la Contraloría Nacional de la República). Entonces léalo bien, nada va a cambiar en el país si es que no se eligen representantes políticos probos, con excelentes antecedentes, limpios y sin ningún precedente de inmoralidad, solo ahí se dará un cambio un cambio positivo inmediato. El difícil momento histórico por el que pasa el país exige el compromiso valiente y real de todos los peruanos. Hasta la próxima semana mis amigos de Primera

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