PRESUNCIONES DE UN AUTOGOLPE FALLIDO

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El fallido autogolpe de estado protagonizado por el expresidente Pedro Castillo Terrones, que culminó con su destitución, posterior detención y luego en el nombramiento de la vicepresidenta Dina Boluarte como nueva jefa de Estado, está mostrando detalles y protagonistas propios de una administración improvisada, que accedió al poder con una doble intención, la primera tratar de aparentar gobernar y la segunda enriquecerse a toda costa. Todo ello bajo la fachada de imponer una ideología con tendencia izquierdo-comunista.
Mi hipótesis sobre las motivaciones que lo llevaron a realizar tamaña e ilegal empresa política, se basan en conjeturas basadas en análisis políticos de los hechos, que apuntan a presumir que los jefes militares y policiales le habrían dado un tácito respaldo al ex mandatario chotano.
Como se recuerda Castillo ordenó instaurar un “gobierno de excepción” y convocó a elecciones de un Congreso constituyente horas antes de una programada moción de vacancia en su contra.
También decretó un toque de queda y la reorganización del Poder Judicial y el resto de órganos de justicia, entre otras medidas. Todo ello basado en un supuesto respaldo de los jefes de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional. Este trámite habría sido gestionado por Aníbal Torres, con esa “seguridad”, la entonces primera ministra Betssy Chávez Chino, habría organizado toda la parafernalia para brindar un grandilocuente mensaje a la Nación y anunciar la nuevas medidas de facto.
Terminado el discurso, Castillo habría llamado al Comando Conjunto para invitarlos a Palacio de Gobierno y respaldar a su régimen con su presencia y sellar la avanzada con un opíparo almuerzo, lo que sucedió simplemente fue que nadie se dignó a contestarle el teléfono, ni siquiera los edecanes.
Ante esta respuesta, el pánico invadió al sequito presidencial que solo atinó a activar el asilo político, gestionado semanas antes, en la embajada de México, por ello los apuros de la familia en la evacuación, que casi soñolientos y en bolsas plásticas se llevaban sus íntimas pertenencias.
Lo que sucedió en lenguaje sencillo fue que a Pedro Castillo le hicieron la camita, le hicieron creer que tenía el suficiente respaldo militar para garantizar su permanencia en el poder tras los inconstitucionales anuncios. La soberbia que brinda el poder, su poca inteligencia y el fanatismo de Aníbal Torres y Betssy Chávez, lo alentaron a aventarse un clavado olímpico en una piscina que no tenía una gota de agua.
Tras el anuncio del presidente, se posicionaron en su contra la vicepresidenta, parte de sus ministros, las Fuerzas Armadas y la gran mayoría de los congresistas.
Estos últimos llevaron a cabo una votación de emergencia en la que lo destituyeron por “permanente incapacidad moral”.
Dina Boluarte juró como nueva jefa de Estado de la República ese mismo miércoles 7 de diciembre de 2022. La abogada y política de 60 años, que se convirtió así en la primera mujer presidenta de Perú.
“Rechazo la decisión de Pedro Castillo de perpetrar el quiebre del orden constitucional con el cierre del Congreso. Se trata de un golpe de Estado que agrava la crisis política e institucional que la sociedad peruana tendrá que superar con estricto apego a la ley”.
Con este discurso una oportunista presidenta le ponía la colcha a la cama donde descansaría por siempre las aspiraciones políticas de un fenómeno social que logró ser elegido bajo un voto impulsado por el descontento y frustración popular.
Ministros y Fuerzas Armadas
En ese momento primero anunciaron su dimisión los ministros de Economía, Justicia, Trabajo y Relaciones Exteriores.
Por su parte, la fiscal de la Nación, Patricia Benavides, rechazó “de manera enfática todo quebrantamiento del orden constitucional” y denunció la “normalización de la corrupción” en el Estado, en una intervención pública.
Los últimos en pronunciarse con perfil bajo fueron las Fuerzas Armadas y la Policía, con un comunicado conjunto.
“Cualquier acto contrario al orden constitucional establecido constituye una infracción a la Constitución y genera el no acatamiento por parte de las Fuerzas Armadas y la Policía Nacional”, expresaron.
Así se cierra un triste capítulo de nuestra historia en la que confluyeron los elementos básicos del poder, como la traición, la soberbia y la estúpida candidez cegada por el fanatismo radical.
Recalco que los contenidos básicos de esta columna han sido estructurados en base a análisis de los hechos y expresiones psicológicas expresadas por los protagonistas en su momento y manifestadas en el derecho que asiste a mi libertad de expresión.
Tiempo al tiempo. Hasta la próxima semana mis amigos de Primera.

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