ENCUESTAS Y VOLATILIDAD ELECTORAL I

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encuestaExiste un clima de confusión en base a las preferencias electorales en relación a las candidaturas de los diversos partidos y movimientos políticos en competencia por la presidencia del país, provocada a mí entender por la diversidad y multiplicidad de resultados electorales. Después de comparar los resultados de las encuestas es imposible no quedar confundido y lleno de suspicacias. Pero cabe resaltar que hay una un gran porcentaje de voto oculto, indeciso y hasta un voto mentiroso que se ve reflejado en los estudios de opinión, todos ellos forman parte de la Volatilidad Electoral. Esta es una expresión usada para señalar la inconsistencia, fragmentación y volubilidad del voto popular en los procesos electorales. Los partidos favorecidos hoy dejan de serlo mañana. Hay una suerte de carrusel electoral que da vueltas incesantemente. Lo cual ocurre en muchos países pero especialmente en las democracias inmaduras de América Latina, en las que las preferencias electorales varían periódicamente.

Este concepto ha sido desarrollado con mucho detenimiento por el profesor Scott Mainwaring de la Universidad de Notre Dame de los Estados Unidos. Tales elecciones demuestran, según el profesor norteamericano, las acusadas fluctuaciones que los partidos registran en el respaldo popular. Su poder electoral se volatiliza con extremada facilidad de una elección a otra, lo que demuestra su poca consistencia, su inestabilidad y el alto índice de transfuguismo de sus miembros.

En el argot político en nuestro país se ha acuñado la expresión “cambio de camiseta” para señalar el transfuguismo político, por analogía con lo que sucede en el fútbol profesional cuando el jugador de un equipo se pasa al elenco contrario para la nueva temporada.

El profesor Mainwaring ha elaborado un cuadro indicador de la volatilidad electoral de los partidos latinoamericanos con base en el rendimiento de ellos en varios procesos eleccionarios. Los más estables son los de Uruguay y Colombia y los menos estables los de Brasil y Perú, pero en general hay un alto índice de inconsistencia en la fuerza electoral de los partidos políticos latinoamericanos. El poder de ellos depende demasiado del prestigio de sus líderes y candidatos. Su institucionalización es incipiente. Están en un proceso evanescente. Todo lo cual es un claro síntoma del subdesarrollo político en que ellos se debaten.

Yo diría que la volatilidad electoral es un fenómeno mundial que en parte se explica, en la era de la televisión satelital e internet, porque los electores están mejor informados que en cualquier época anterior. Reciben noticias instantáneas de los acontecimientos de todos los lugares del mundo. Los medios de comunicación radiales y televisivos llevan y traen noticias a la velocidad de la luz. Y las malas noticias —porque las buenas no son noticias, según el lema amarillista de muchos medios— provenientes de lugares cercanos o remotos del planeta, no dejan de impactar en el ánimo de la gente y de condicionar su comportamiento político y electoral.

Durante los últimos años la penetración de la televisión satelital en las sociedades del mundo ha tenido efectos políticos muy claros. Los contrastes que ella suele mostrar entre los patrones suntuarios de las clases adineradas y la precaria forma de vida de los hogares pobres, especialmente en el tercer mundo, ha agudizado aun más el fenómeno de la fragmentación política y de la volatilidad electoral. Hasta mañana mis amigos de Primera.

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