Huanchaco: turistas presenciaron arte milenario de construir caballitos de totora

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Los pescadores artesanales que a diario surcan el mar “tejieron “ las embarcaciones

Actividad fue organizada por la Municipalidad Distrital de Huanchaco y la Comisión Bicentenario de La Libertad,

Los turistas que visitaron la explanada del muelle de Huanchaco, pudieron presenciar la cultura viva de esta ciudad liberteña de la provincia de Trujillo, pues observaron cómo se realiza la elaboración de los famosos y milenarios caballitos de totora.
Esta fue una actividad organizada por la Municipalidad Distrital de Huanchaco y la Comisión Bicentenario de La Libertad, dentro del programa oficial para celebrar la Independencia del Perú. Los protagonistas fueron los propios pescadores artesanales que surcan las olas a diario en este balneario.
Así, mientras dos pescadores experimentados luchaban por compactar y darle forma a la totora seca con ayuda de una cuerda de nylon y frente al público atento a los detalles, don Hermenegildo Díaz Urcia, presidente de la Asociación de Pescadores Artesanales de Huanchaco, relataba el proceso y respondía a las preguntas que le hacían los espectadores.

Por ejemplo, comentaba que existen 63 familias huanchaqueras que viven actualmente de la pesca milenaria en caballitode totora. Cada pescador tiene a su cargo y heredado desde tiempos inmemoriales, el cuidado de 2 o 3 pozas de los totorales que hay en este distrito, a partir de las cuales eligen las mejores ramas, la dejan secar y la usan luego para armar su caballito.
“Tiene que estar seca, si está verde no flota, se moja y no avanza en el mar. Así seca se desliza el caballito y dura más”, sostuvo don Hermenegildo.
Explicó que estas embarcaciones artesanales, de más de 4 metros de largo, entre 70 a 80 centímetros de ancho y con una capacidad de carga de 200 kilos de peso, requieren ser cambiadas mensualmente por el desgaste que sufren estos materiales naturales. Por ello, ahora, a causa de la erosión costera y la consecuente amenaza a esta especie de flora, requieren completar la estructura interna del caballito con tecnopor.

“Eso lo comenzamos a utilizar cuando empezó la erosión costera hace 10 años. Antes era pura totora, ahora compramos tecnopor, le damos forma y alrededor de esto colocamos una carga de totora, un tercio de larga y dos tercios de segunda (refiriéndose al tamaño de las ramas). La de tercera la utilizamos para hacer artesanía”, precisó el pescador.
Construir estas embarcaciones puede llevarles a los pescadores entre 2 horas y medio día. “Cada pescador arma su caballito, cada uno tiene su forma de construirlo, pero el estilo es el mismo. Son herencias de nuestros antepasados, de nuestros abuelos, nuestros padres, y nosotros como hijos queremos que la costumbre se mantenga, porque esta es la tradición de un pueblo que no puede desaparecer así nomás”,  enfatizó.
Consultado de cuánto es la producción diaria de la pesca, don Hermenegildo contó que ahora pescan para su consumo, pero “antiguamente era una profesión, sacábamos 60, 70 kilos, actualmente solo 10 kilos, hay mucha diferencia. El pescador tiene que ver otros medios, otros recursos, para poder mantener a su familia”, refirió y añadió que algunos de los miembros de su asociación se dedican, además,  a trabajar como albañiles o artesanos, como él, desde que se retiró.
“He trabajado 35 años en la pesca, ya estoy retirado por la salud, comencé desde los 14 años. Uno de mis hijos continúa la tradición y aunque sea uno de mis nietos lo hará. Es difícil que esta costumbre se pierda”, recalcó. Igualmente, comentó que los niños aprenden esta profesión y alrededor de los 12 o 13 años salen por primera vez al mar con sus caballitos de totora.
Recordó cuando  aún se hacían competencias con pescadores que venían de Pimentel, Santa Rosa y Salaverry.  En esta época solo sirven para la pesca de suco, cachema y liza. En verano los visitantes  pueden pasear en los caballitos de totora.
Mientras don Hermenegildo seguía respondiendo preguntas, sus compañeros han terminado el caballito de totora y el público aplaudía mientras el pescador de 21 años, Carlos Guzmán Reyes, se acercó con una caña de guayaquil y tomó la embarcación en sus hombros para llevarla hacia el mar.

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