ELECCIONES Y MADUREZ POLÍTICA

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Los peruanos hemos sido convocados para elegir este 2 de octubre a gobernadores, vicegobernadores y consejeros de 25 regiones, así como a 196 alcaldes provinciales y 1,694 de distritos, con sus respectivos equipos de concejales, para el período 2023-2026.
Las próximas elecciones municipales y regionales llegan en un momento político difícil por decir lo menos. Estas elecciones a las que aspiran miles de candidatos, entre ellos cientos con antecedentes judiciales, crea una circunstancia que alimenta el desinterés y hasta una especie de sentimiento de rechazo ciudadano por todo lo que tenga un sentido político. Esto último se ve reflejado en los altos índices de indecisos y personas que se niegan a manifestar su opción de voto. Sector electoral que al final va a ser quien defina a los candidatos elegidos.

Más allá de la crisis de representatividad que afronta el país, profundizada por el constante enfrentamiento entre el Gobierno y el Congreso, de mayoría opositora, estas elecciones tendrán resultados marcados por su carácter local.
Si a nivel nacional ya tenemos un rompimiento, una debilidad de partidos políticos que no son programáticos, que no tienen compromiso, ni una ideología clara, ni cohesión, todo esto se potencia cuando hablamos a nivel nacional, donde las carencias en calidad política se ahondan.
En ese sentido, difícilmente los resultados de este proceso permitirán medir con precisión la temperatura política a nivel nacional.
El desinterés político-electoral se evidencia en la escasa presencia que tiene el debate sobre las elecciones entre los ciudadanos, a pesar de que el proceso refleja muchos de los males que han asolado en los últimos años a la política peruana, entre ellos la corrupción.
Solo en el caso de las regionales, a las que acuden 488 postulantes, se ha determinado que hay 89 candidatos investigados por estos delitos, una cifra que llega a 1,403 con antecedentes judiciales, entre penales y civiles.
El círculo vicioso es perfecto: la gente no espera nada de los políticos y vota obligatoriamente con desgano, mientras diversas mafias, legales e ilegales, aprovechan el vacío para colarse en este escenario donde nadie espera algo bueno de la gestión pública. Lamentablemente ese es el momento político que se vive en el Perú.
Pero no hay que perder el optimismo y ser conscientes de que este es un proceso social provocado principalmente por la decadencia de los partidos políticos tradicionales y la mediocridad de las nuevas agrupaciones.
Es necesario tocar fondo para poder emerger en este oscuro mar en que la sociedad peruana ha caído. Nos hemos caído solos y solos tenemos levantarnos. El impulso para emerger cae en la sangre nueva, en la juventud que está en proceso y debe reaccionar en algún momento para tomar la posta y las riendas de la conducción política del país.
Su momento va a llegar y es posible que en este instante se estén forjando silenciosamente los alfiles que marcaran la ruta hacia el progreso que tanto necesita nuestro país.
Insisto, en que es momento de reflexionar y buscar una sincera reconciliación entre los actuales líderes y los partidos políticos, para que en base a las diferencias encontrar coincidencias para hacer de este proceso de transición histórica se dé en las mejores condiciones. Este acto que tarde o temprano se tiene que dar, será la muestra de una verdadera madurez política. Hasta la próxima semana mis amigos de Primera.

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